lunes, 19 de marzo de 2018
A golpe de machete dominicanos
defendieron la independencia en la Batalla del
19 de Marzo.
Hoy se conmemora el 174 aniversario de la primera gran contienda
escenificada en Azua.
Por: Emilia Pereyra.
SANTO DOMINGO. El bisoño ejército dominicano, comandado por el
general Pedro Santana, venció de manera rotunda a las huestes haitianas,
dirigidas por el presidente Charles Hérard, durante la primera gran batalla con
la cual fue defendida la Independencia Nacional, apenas 22 días después de que
fuera declarada la separación en la Puerta del Conde.
Entonces, el recién formado ejército destinado a repeler los
intentos del gobierno haitiano de revertir la liberación, proclamada el 27 de
febrero de 1844, estaba formado por 2, 500 soldados novatos procedentes de
varios lugares del Este y el Sur del país, mientras que las tropas haitianas la
integraban 8,000 hombres, originarios de Puerto Príncipe y Mirabelais,
esencialmente.
Según indica el historiador Frank Moya Pons, en su “Manual de
historia dominicana”, Hérard “no podía tolerar que en medio de una revolución,
como la que él había encabezado, el país se dividiera” y se redujeran los
recursos necesarios para pagar a Francia el resto de la deuda, para que se
lograra el reconocimiento internacional de la independencia haitiana.
Según consta en “El diario de la Independencia”, del historiador
Adriano Miguel Tejada, el lunes 18 de marzo un mensajero enviado por el
patriota Jaime Vidal, quien se trasladó desde El Maniel, le informó al general
Santana, comandante en jefe de los ejércitos expedicionarios, sobre los
movimientos que hacían las tropas haitianas que invadían el territorio
dominicano.
Dada la situación, Santana le solicitó en una correspondencia al
comerciante Abraham Coen que hablara con el cónsul de Francia para que las
tropas francesas se pusieran a disposición de los dominicanos para enfrentar a
los haitianos.
“En la nota al comerciante Coen, rico importador establecido en
la ciudad de Santo Domingo, Santana hace hincapié en el hecho de que los
habitantes de San Juan, Las Matas e Hincha, de donde Santana era oriundo, no se
habían pronunciado todavía a favor de la causa y de independencia 'y se
mantiene la inacción', y le solicita que hable 'sin pérdida de tiempo' con el
funcionario francés sobre la ayuda militar en ese país a la independencia
dominicana”, señala Tejada.
Apenas días después de la liberación, el 9 de marzo de 1844, la
Junta Central Gubernativa había presentado al gobierno de Francia una propuesta
formal de protectorado que incluía la cesión “a perpetuidad” de la bahía de
Samaná.
Macheteros en acción
El general Santana preparó sus tropas al amanecer y formó una
línea defensiva desde el camino del Barro, en el noroeste, hasta el camino de
Los Conucos, en el suroeste.
“En el flanco derecho, Santana emplazó los fusileros azuanos,
comandados por Valentín Alcántara y Vicente Noble, y un contingente de
macheteros entrenados por el coronel Antonio Duvergé. En la retaguardia de este
flanco estaba Nicolás Mañón, con 200 hombres en el cerro de Resolí, en Azua,
relata Tejada.
El historiador cuenta que “a la izquierda, había emplazada otra
pieza de artillería y los fusileros de Matías de Vargas, José Leger y Feliciano
Martínez. El coronel Duvergé, como jefe de la línea de defensa, se movía de un
lado a otro, según las necesidades del ataque. En la retaguardia, detrás del
centro, estaban el general Santana, junto a Buenaventura Báez, Felipe Alfau y
Lorenzo Santamaría, junto a los hateros a caballo y un contingente de
caballería reclutado por Báez”.
Mientras Hérard había dividido sus fuerzas para repeler las tres
posiciones del ejército dominicano. Tejada continúa relatando en el diario:
“Promediada la mañana, y sin el apoyo de artillería y creyendo que la columna
del general Souffront se encontraba en posición de apoyar el ataque se inicia
el asalto por el centro. El general Thomas Hector cometió el error de ordenar
el paso de carga a columna cerrada”.
Entonces, la pieza de artillería de Soñé disparó sucesivamente
rondas de metralla y dejó “claros terribles en las apretujadas filas
haitianas”. Luego los fusileros criollos Lucas Díaz y sus subalternos
dispararon a los enemigos y los macheteros entraron en acción, logrando
desarticular a los adversarios.
En el ínterin, las tropas haitianas del ala derecha enfrentaban
las posiciones del lado izquierdo dominicano, justo en el camino de Los
Conucos. Este enfrentamiento también fue ganado por los criollos y
sobresalieron los fusileros Matías de Vargas, Leger y Martínez. En la refriega
cayeron dos coroneles haitianos.
“El grueso del ejército haitiano se retiraba en desorden, cuando
el ala izquierda de los haitianos se tropezó con los azuanos de Duvergé,
quienes, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón apostados en el Cerro de
Resolí, iniciaron una brava carga de machete que 'sembró el terror y la muerte
en esta ala del ejército de Hérard, la que se retiró presa del pánico y la
mortandad que ocasionan las armas blancas'”, narra Tejada.
Las huestes criollas acosaron y persiguieron al ejercito
haitiano, que se retiraba en medio del caos, hasta una legua de Azua. El
general Hérard, derrotado de manera contundente, se retiró a orillas del río
Jura para reorganizar las huestes.
Bajas en los combates
En las escaramuzas los haitianos perdieron entre 200 y 300
hombres, mientras que las bajas dominicanas fueron insignificantes.
El historiador José Miguel Soto Jiménez ha escrito que las
tropas dominicanas estaban constituidas por al menos 1,000 hateros e integradas
por gentes de El Seibo, Hato Mayor, Higüey y Los Llanos, jóvenes azuanos
entrenados por Duvergé y Francisco Soñé.
Además, formaban el ejército criollo dos compañías: una de
gendarmería y otra de caballería, con un total de 200 neyberos, comandados por
Vicente Noble y Nicolás Mañón, y dos regimientos llegados por barco desde la
capital, al mando de Manuel Mora; “los que sumados a la tropa banileja, al
mando del teniente coronel Manuel de Regla Mora, se aproximaba a 300 soldados
más una tropa de San Cristóbal, comandada por Lorenzo Araujo y José María
Cabral, y un cuerpo de hombres a caballo que organizó y mandaba Buenaventura
Báez”, de acuerdo al exmilitar.
En relación al ejército haitiano Soto Jiménez contó que Hérard
lo dividió en tres columnas: una marchaba por el camino del Barro, otra por el
camino de San Juan y otra por Los Conucos. “Desprovistos de artillería y en la
creencia de que la división del general Souffrant se encontraba 'en posición',
las tropas haitianas empezaron a avanzar hacia las dominicanas”, escribió Soto
Jiménez.
La vanguardia, encabezada por el general haitiano Thomas Hector,
precedida por antiguos dragones de la caballería de Boyer, empezó el ataque
principal por el camino de San Juan.
Duvergé y Santana.
El coronel Antonio Duvergé fue una figura destacada de la
contienda del 19 de marzo y en otras batallas independentistas. A este
estratega militar se le reconoce su gran valor. Se ocupó no solo de enfrentarse
a los enemigos en los combates. Antes de que Santana llegara a la escena, entrenó
a los macheteros azuanos y como jefe de línea se ocupó de auxiliar a los
contingentes necesitados de ayuda.
Una vez lograda la primera y decisiva victoria de las guerras de
independencia, el general Pedro Santana se retiró a Sabana Buey, acción forzada
por las noticias de la llegada al campamento dominicano situado en Azua de la
columna de Souffront.
La nueva ubicación de las tropas criollas permitía una mejor
defensa, dada la relevancia geográfica de los pasos de El Número y del río de
Ocoa, y atraería a las tropas haitianas desalentadas por la derrota del 19 de
marzo.
El historiador Adriano Miguel Tejada expresa que el general
Santana destacó patrullas de reconocimiento en esas zonas y dejó en la
retaguardia de Azua al coronel Duvergé y a sus tropas azuanas.
Cortesía: DiarioLibre
domingo, 18 de marzo de 2018
Aprender a convivir.
En nuestras sociedades cada vez más diversas, la UNESCO lleva a
cabo a diario su misión humanista, que consiste en fomentar el entendimiento
mutuo para construir una paz duradera.
La paz duradera es el fruto de una combinación compleja de
prácticas cotidianas locales y de ciertos vínculos que los individuos y las
comunidades mantienen y que representan para ellos las condiciones sostenibles
para vivir juntos con dignidad y prosperidad.
Una paz duradera, no obstante, se basa en una compleja red de
prácticas cotidianas integradas en contextos locales y de encuentros más
efímeros que mantienen los individuos y comunidades con la convicción de que la
urdimbre de ambas cosas es la base para vivir juntos con dignidad y
prosperidad.
En momentos en que desafíos y amenazas tales como la
desigualdad, la exclusión, la violencia o sectarismo se ven agravados por
tensiones y conflictos locales y ponen en peligro la cohesión de la humanidad,
aprender a vivir con los demás toma una importancia vital.
Las competencias interculturales no son innatas, sino que se
adquieren por medio de la educación y la experiencia. Por eso es importante
tener acceso a recursos educativos de calidad, formales o no, que permitan
conseguir las aptitudes interculturales necesarias para tener éxito en el mundo
complejo y heterogéneo en el que vivimos.
La UNESCO trabaja a diario, desde la Sede y en el terreno, para
ayudar a los Estados Miembros y al conjunto de sus colaboradores a comprender y
afrontar mejor los desafíos cada vez más complejos de nuestras sociedades. En
particular a través del Programa “Gestión de las Transformaciones Sociales” y
del Programa para una Cultura de Paz y no Violencia (página web en inglés), que
incluyen, entre otras cosas, iniciativas a favor de la democracia y la
ciudadanía mundial, el diálogo intercultural, la educación para la paz y los
derechos humanos, y la construcción de la paz.
Además, como el deporte no entiende de fronteras geográficas ni
de barreras sociales, la UNESCO impulsa el desarrollo y la práctica de
actividades deportivas, así como la lucha contra el dopaje, con el objetivo de
favorecer la integración social en contextos políticos y culturales diferentes.
Asimismo, la Organización actúa para que la educación y la sanidad no sean el
privilegio de una minoría.
“No es suficiente estar conectados con los demás. También
debemos compartir nuestras soluciones, experiencias y sueños en una gran
comunidad cimentada con los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Irina Bokova, Directora General de la UNESCO
Conferencia Internacional de las Comisiones Nacionales para la
UNESCO, Viena (Austria), 31 de mayo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2018
Francisco del Rosario Sánchez:
Padre de la dominicanidad.
Se cumple el 201
aniversario del nacimiento de Francisco del Rosario Sánchez, Padre de la
Patria.
Sánchez nació en Santo Domingo
el 9 de marzo de 1817, y ha sido recordado como un estratega eficaz, poseedor
de grandes dotes de liderazgo.
Es considerado uno de los
principales líderes de la guerra independentista contra la ocupación haitiana,
y junto a Juan Pablo Duarte y Matías Ramón
Mella, es considerado como uno de los tres fundadores sobresalientes de la
Patria.
Sus padres le inculcaron
desde pequeño un profundo patriotismo, su papá perteneció a uno de los primeros movimientos
que intentaron sacar a los haitianos que habían ocupado la parte oriental de la
isla, en 1822.
Al igual que otros
trinitarios, Francisco del Rosario Sánchez fue apartado del poder y desterrado
una vez alcanzada la independencia. Con la amnistía de 1848 pudo regresar al
país, y a lo largo de la siguiente década desempeñó diversos cargos públicos.
En 1861 entregó su vida en la lucha para evitar la anexión de la República a
España.
Las razones principales
por las que se reconoce a Francisco del Rosario Sánchez como Padre de la Patria
radican, principalmente, en sus méritos como trinitario y en haber leído la
proclama que declaraba el nacimiento de la República Dominicana. El 27 de
febrero de 1844, Sánchez fue el encargado de leer la declaración en el baluarte
de San Genaro (hoy puerta del Conde). Presidió luego el gobierno provisional
(la Junta Central Gubernativa), hasta ser desplazado por Tomás Bobadilla.
martes, 6 de marzo de 2018
Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, también conocido como Gabo, fue uno de
los grandes escritores del siglo XX. Nacido en Colombia en 1927 y fallecido en
México en 2014, ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982.
Hoy el Doodle de
Google celebra el 91 aniversario del nacimiento de este referente de la
literatura y con este motivo, aprovechamos para recordar su vida, obra y frases
célebres.
Obra de Gabriel García Márquez
Aunque se le conoce más como novelista, trabajó inicialmente en
el mundo del periodismo y permaneció relacionado con este este sector durante
toda su vida. Sus obras obtuvieron un gran reconocimiento internacional como
‘El coronel no tiene que le escriba’ o ‘Cien años de soledad’, entre muchas
otras, caracterizadas por mezclar realismo y fantasía en historias llenas de conflicto
e imaginación. El escritor colombiano contribuyó a que la literatura
iberoamericana tuviera un mayor empuje y recibiera mayor atención.
A través de su obra y vida, García Márquez dejó para la
posteridad diversas frases célebres que destacan tanto por lo profundo de su
mensaje como por lo originales.
miércoles, 28 de febrero de 2018
Ansias por un protectorado extranjero
Varios países fueron importantes en la lucha separatista
dominicana, entre ellos España, Francia, Gran Bretaña y Venezuela.
Por Emilia Pereyra.
SANTO DOMINGO. En el proceso de planificación y proclamación de
la liberación dominicana, el 27 de febrero de 1844, tuvo gran importancia el
contexto internacional, pues varios grupos trataron de obtener un protectorado
extranjero para la nueva nación, en vista de que no confiaban en que se pudiera
sostener la emancipación de Haití solo con las fuerzas internas.
Antes y después de la declaratoria de independencia se hicieron
intentos para negociar la protección de España, Francia e Inglaterra. Décadas
antes había fracasado el propósito de lograr la liberación con el amparo de la
Gran Colombia, por parte de José Núñez de Cáceres, cabeza de la Independencia
Efímera.
Apenas días después de la liberación, el 9 de marzo de 1844, la
Junta Central Gubernativa presentó al gobierno de Francia una propuesta formal
de protectorado que incluía la cesión “a perpetuidad” de la bahía de Samaná. En
ese sentido, Tomás Bobadilla hizo gestiones ante el vicecónsul francés Eustache
de Juchereau de Saint Denys, en compañía de Francisco del Rosario Sánchez.
La decisión fue un atentado al sostenimiento de la soberanía,
pues la cesión de una parte del territorio dominicano habría constituido una
violación a los principios que sustentaron la declaratoria de la Independencia
Nacional.
De haber prosperado el proyecto, la presencia francesa en la
República Dominicana habría creado un estado de guerra permanente entre el
naciente Estado y Haití, liberado de Francia tras cruentas luchas.
Buscando amparo:
El clero de la época y antiguos funcionarios apoyaban la
independencia, pero bajo un protectorado español. Esos conservadores se
diferenciaban de los duartistas, porque no creían que el pueblo pudiera valerse
por sí mismo para mantener la liberación.
Sin embargo, entonces España estaba dividida por las luchas
internas. Pero contaba con posesiones en el Caribe como las islas de Cuba y
Puerto Rico, desde las que podía apoyar los movimientos independentistas de los
dominicanos.
A pesar de las simpatías que generaba un posible protectorado de
España, las fuerzas principales que pugnaron por mantener la primacía eran los
“afrancesados” y los duartistas.
Los “afrancesados” tenían gran poder de convocatoria, y desde
finales de 1843 hacían gestiones para lograr el respaldo de Francia con los
funcionarios consulares de este país en Puerto Príncipe y Santo Domingo, A. M.
Levasseur y Eustache J. de Saint Denys, respectivamente.
Esta facción era encabezada por Buenaventura Báez, rico
hacendado de Azua, Manuel María Valverde, sacerdote, José Caminero, médico y
traductor de los tribunales de la República y el abogado y comerciante Manuel
Joaquín Delmonte, entre otros.
Esos señores firmaron el 15 de diciembre de 1843, en Puerto
Príncipe, el llamado Plan Levasseur, en el que solicitaban la protección del
gobierno francés para sustentar la planeada independencia. El 1 de enero de
1844 emitieron un manifiesto al país, desde Azua, en el que anunciaban sus
propósitos.
En vista de que los revolucionarios duartistas tuvieron informaciones
sobre el golpe de independencia que pretendían dar los “afrancesados”, para
después solicitar el protectorado de Francia a cambio de la cesión de la
península de Samaná, trataron de adelantar la proclamación de la emancipación y
lanzaron su manifiesto del 16 de enero de 1844 en que se anunciaba la
proximidad de la asonada.
El proyecto de los “afrancesados” era visto con simpatías por
sectores poderosos, porque garantizaba sus propiedades en caso de que se
produjera una represalia haitiana contra la independencia, aparte de los
beneficios económicos que daría una estrecha relación con Francia.
Mientras esos grupos creían necesario un protectorado extranjero
que los librara definitivamente de los haitianos, la facción liderada por Juan
Pablo Duarte, ideólogo de la Independencia, creía que la parte Este contaba con
medios suficientes para lograr su liberación y defenderla.
Grupo voyerista:
Otro grupo importante lo formaban los boyeristas. Estaba
encabezado por el experimentado Tomás Bobadilla y Briones, uno de los hombres
con más capacidad para realizar maniobras políticas en la época.
Bobadilla y Briones, abogado de unos sesenta años, oriundo de
Neyba, causaba recelos en un sector de la juventud por sus conocidos vínculos
con el régimen de Jean Pierre Boyer, al que le había servido durante muchos
años.
Sin embargo, al político se le reconocía una gran capacidad y se
valoraban los aportes que podía hacer al movimiento libertador, lo que
despertaba confianza entre los sectores poderosos, en vista de que sumaba
experiencia de estado a los jóvenes de La Trinitaria.
Bobadilla y Briones era partidario de que se incluyera en el
proyecto a Pedro Santana, propietario de hatos de El Seybo, ligado a las
protestas contra la dominación haitiana, al punto de que presidente Charles
Hérard Rivière ordenó su apresamiento.
Propuesta a Gran Bretaña:
El grupo pro inglés trató de que la nueva república quedara bajo
la protección de Gran Bretaña. La posición fue conocida en una carta dirigida
el cónsul de ese país. La idea fue planteada a M. T. Usher por el comerciante
Francisco Pimentel, de Las Matas de Farfán, quien había participado como
diputado en varias asambleas haitianas.
Usher afirmaba en una carta dirigida a su gobierno: ... “hace
muy poco me visitó una persona de nombre Pimentel, nativa de Santo Domingo,
quien me informó que había delegado por parte poderosa de allí para venir a
verme y a pedirme mi intercesión con el Gobierno de Su Majestad para que tomara
posesión de la parte española de Haití. Que ellos estaban resueltos a quitarse
de encima el yugo haitiano, y que estaban convencidos de que con la protección
británica tendrían un gobierno bueno y fuerte y la subsecuente prosperidad. Yo
le dije de manera breve que me era imposible aceptar una proposición de tal
naturaleza y que me veía obligado a declinar servir de medio para transmitir
los deseos de su partido al Gobierno de Su Majestad”.
En la comunicación dirigida a Lord Aberdeen, canciller de Gran
Bretaña, el cónsul inglés además le escribió el 15 de julio de 1843: “Los
españoles de la parte oriental de Haití parecen hallarse en una situación poco
estable y pueden causarle algunas dificultades al Gobierno. Los habitantes de
esa parte de la República han sido siempre desafectos y sólo su positiva
debilidad les ha impedido cometer públicamente actos de hostilidad. Ellos
retornarían gustosos a la dominación de sus antiguos amos los españoles, o la
de cualquier otro poder europeo, según creo yo”.
Otros contactos internacionales:
Antes de que se produjera la dominación haitiana, Núñez de
Cáceres hizo gestiones para obtener un protectorado de la Gran Colombia,
liderada por Simón Bolívar.
Este criollo fue el gestor de la Independencia efímera, que
transcurrió entre la proclamación del Estado Independiente del Haití Español y
la ocupación del ejército encabezado por Jean Pierre Boyer, el 9 de febrero de
1822.
El 1 de diciembre de 1821 enarbolaron la bandera de la Gran
Colombia en todos los fuertes de Santo Domingo. El gobernador español Pascual
Real fue arrestado y se proclamó el Estado Independiente de la Parte Española
de Haití, bajo el protectorado de Colombia.
Núñez de Cáceres se había adelantado a los planes de grupos de
la colonia española que propugnaban por la unificación con Haití. Incluso en
noviembre de 1821 en la frontera norte se hizo un pronunciamiento a favor de la
unión con Haití que tuvo repercusiones en Dajabón y Montecristi.
En el documento de Declaratoria de Independencia del Pueblo
Dominicano, los firmantes, encabezados por Núñez de Cáceres, se quejaban del
maltrato recibido de parte de España, luego de la Reconquista. También hacían
alusión a los movimientos de independencia que se hacían en el continente
americano, promovidos por Simón Bolívar, San Martín y otros separatistas.
Solicitud de apoyo a Venezuela:
Estando en Venezuela en septiembre de 1843, Duarte se entrevistó
con el presidente de ese país, Carlos Soublette, a quien le solicitó recursos y
pertrechos bélicos para luchar por la independencia.
“El presidente lo recibió con cortesía y afabilidad; elogió los
dignos propósitos del visitante y ofreció la colaboración de todo lo que
estuviera a su alcance, que al decir de Duarte en los Apuntes (de Rosa Duarte)
fue un ofrecimiento que no pasó de palabras”, relata Orlando Inoa en su
“Biografía de Juan Pablo Duarte”.
También el historiador Frank Moya Pons refiere en su obra “La
dominación haitiana” que “Duarte no pudo conseguir ni las armas ni los
recursos” y el plan se vino abajo, por lo que Sánchez y su grupo se adhirieron
a la “táctica desplegada por Ramón Mella, que consistía en ganar nuevos
partidarios para la causa de la separación entre la población madura de Santo
Domingo”.
Declaración de la Independencia por un grupo:
Líderes del movimiento separatista decidieron que la noche del
27 de febrero de 1844 proclamarían la independencia.
El plan fue definido en una reunión realizada en la casa de
Francisco Sánchez, por iniciativa suya, a pesar de que se había propagado la
versión de que él había fallecido, para despistar a sus persecutores haitianos.
Asistieron al encuentro los tres hermanos Puello Castro:
Joaquín, Gabino y Eusebio; Matías Ramón Mella, Vicente Celestino Duarte, Juan
Alejandro Acosta, Ángel Perdomo, Jacinto y Tomás de la Concha, Marcos Rojas,
Tomás Sánchez y Manuel Dolores Galván.
Los congregados acordaron que se juntarían en la Puerta de la
Misericordia, desde donde marcharían hacia la Puerta del Conde. Se dijo que el
oficial a cargo de esa posición, Martín Girón, se había unido al movimiento y
participaría en la proclamación.
El trinitario José María Serra escribió: “El punto de reunión
era la Plaza de la Misericordia. Creímos que el número de los concurrentes
sería mayor, pero desgraciadamente éramos muy pocos. Comprometida es la
situación, dijo Mella, juguemos el todo por el todo y disparó al aire su
trabuco. ¡Marchemos, pues!”
Tras la declaración de la Independencia, la Junta Central
Gubernativa envío una goleta-bergantín a Curazao a buscar al patricio Juan
Pablo Duarte. Se trató de la primera embarcación de la flamante república en
surcar los mares con la bandera dominicana.
La nave “Leonor” era propiedad de Rothschild, Coén y compañía, y
solía hacer el recorrido de Santo Domingo a Curazao para recoger y llevar
mercancías para ambas plazas.
¿Qué pasaba en otras colonias y países del Caribe?
Cuba
Se mantenía como la más grande colonia española de Las Antillas.
Su independencia fue una de las más tardías de América Latina, y se produjo el
20 de mayo de 1902, tras casi 50 años de lucha. El dominicano Máximo Gómez fue
figura clave en el proceso.
Puerto Rico
Desde mediados del siglo XIX los puertorriqueños luchaban por su
independencia. El denominado Grito de Lares fue planificado por un grupo
liderado por el doctor Ramón Emeterio Betances, exiliado de la República
Dominicana, y Segundo Ruiz Belvis.
EL 24 de noviembre de 1897 el imperio español concedió la Carta
Autonómica, que regulaba la administración de Puerto Rico, cuyo gobierno se
compondría de un parlamento insular, dividido en dos cámaras, y de un
gobernador general, representante de la metrópoli, que ejercerá en nombre de
ésta la autoridad suprema.
La Carta Autonómica de Puerto Rico, fue junto a la de Cuba, fue
el primer estatuto de autonomía concedido por España a una de sus provincias en
ultramar.
Haití:
Entonces la República de Haití era gobernada por Charles Rivière
Hérard, quien sucedió a Jean Pierre Boyer.
De 1791 al 1804 se produjo un movimiento revolucionario que
culminó con la abolición de la esclavitud en la colonia francesa de
Saint-Domingue y la proclamación de su independencia de Francia.
Cortesía: DiarioLibre.
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