martes, 13 de octubre de 2015
sábado, 10 de octubre de 2015
El cerebro de un músico
Sabias que cada vez que un músico toca un instrumento es como si hubiera fuegos artificiales en su cerebro?
Cuando escuchamos música, múltiples áreas de nuestro cerebro se involucran y activan. Pero cuando realmente ejecutamos un instrumento, la actividad se vuelve más parecida a un entrenamiento integral del cerebro. Qué está pasando? El siguiente documental explica la actividad que se dispara en el cerebro de los músicos cuando tocan, y examina algunos de los efectos positivos a largo plazo de este entrenamiento mental.
Cortesías: Diario.
Sabias que cada vez que un músico toca un instrumento es como si hubiera fuegos artificiales en su cerebro?
Cuando escuchamos música, múltiples áreas de nuestro cerebro se involucran y activan. Pero cuando realmente ejecutamos un instrumento, la actividad se vuelve más parecida a un entrenamiento integral del cerebro. Qué está pasando? El siguiente documental explica la actividad que se dispara en el cerebro de los músicos cuando tocan, y examina algunos de los efectos positivos a largo plazo de este entrenamiento mental.
Cortesías: Diario.
viernes, 9 de octubre de 2015
Casi el 30% de las especies podrían desaparecer debido al cambio climático.
WWF
Según el IPCC, una subida media de temperatura de 2-3ºC aumentaría el riesgo de extinción del 20-30% de las especies de plantas y animales.
Este es uno de los datos incluidos en el documento Un grado más, una especie menospublicado por WWF en el contexto de su campaña #NiUnGradoMás.
En España, la mitad de las especies de anfibios, reptiles, mamíferos y aves podrían ver reducido su hábitat en más de una tercera parte. Especies como el visón europeo o el urogallo sufrirían la desaparición de su hábitat potencial.
El documento Un grado más, una especie menos se engloba dentro de la campaña #NiUnGradoMás que está desarrollando WWF para analizar los impactos del cambio climático y ofrecer soluciones para minimizar sus devastadores efectos. La organización anima a los ciudadanos a firmar la petición online para poner freno al cambio climático y pedir al gobierno una transición energética hacia un modelo eficiente y 100% renovable.
La cuenca mediterránea será una de las regiones más afectadas por el cambio climático como muestran los pronósticos científicos para España, que apuntan a un aumento de las temperaturas para finales de siglo de hasta 4ºC en invierno y 6ºC en verano. Estas nuevas condiciones de calor y aridez afectarán gravemente a nuestra biodiversidad, que ya se encuentra amenazada en la actualidad. De hecho, España es el país europeo donde se encuentra el mayor porcentaje de especies amenazadas: el 34% de los anfibios, el 32% de los reptiles, el 54% de los peces continentales, el 20% de los mamíferos y el 15% de las especies de flora vascular.
Estos impactos del calentamiento global ya lo sufren especies como el pinsapo, en el sur de España, con un descenso significativo de su límite de distribución inferior desde 1959 por los fuertes periodos de sequía sufridos en las últimas décadas. El salmón atlántico también se encuentra afectado por el aumento de temperatura del agua, ya que condiciona la eclosión o la tasa de supervivencia de los alevines. Otro ejemplo del impacto del cambio climático en las especies españolas es la disminución en el área de distribución de la mariposa apolo en la Sierra de Guadarrama (Madrid), donde se ha desplazado a altitudes superiores.
Los datos a nivel mundial confirman que la biodiversidad se encuentra gravemente amenazada, con un ritmo alarmante de extinción de especies estimado de 100 a 1.000 veces mayor al ritmo natural. Según el Índice Planeta Vivo de WWF, entre 1970 y 2010, las especies terrestres disminuyeron un 39%, las de agua dulce un 76% y las marinas un 39%. El cambio climático va a suponer sin duda un fuerte factor de presión adicional para nuestra biodiversidad, agravando amenazas existentes y añadiendo nuevas.
El cambio climático también afecta a la economía, la cultura, la alimentación y la salud humana, ya que esta pérdida de biodiversidad pone en peligro los bienes y servicios que proporcionan los ecosistemas, como la polinización, la dispersión de semillas, la obtención de materias primas, alimentos o productos farmacéuticos.
Fuente: WWF
miércoles, 16 de septiembre de 2015
"TODO CAMBIO NECESITA TIEMPO" DANIEL SMITH.
Vivimos en un mundo en constante cambio. “El
cambio es la única constante” reza un dicho anó-
nimo. Todo a nuestro alrededor, de la índole que
sea, cambia. Es una mera observación de que todo
evoluciona. Aunque, vale aclarar, no todos los
cambios son para mejorar, es decir, no necesariamente
los cambios son evoluciones, a veces son
involuciones. Pero, el cambio siempre es bueno en
sí mismo, luego se podrán evaluar las consecuencias,
lo que sucede a partir de que el cambio tuvo
lugar, eso sí puede ser bueno, malo, medio. Incluso
más, el cambio puede pasar inadvertido, y nadie
es capaz de juzgar nada pues no se es consciente
de que algo ha cambiado.
“Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”,
Todo cambia, Mercedes Sosa.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Los
diez ecosistemas más amenazados del mundo.
JAVIER
RICO.
Es
raro el verano que no acaba con una noticia que refleje la dura convivencia
entre el desarrollo y la conservación de la naturaleza en uno de los destinos
turísticos por antonomasia: el Caribe. Por un lado, la Procuraduría Federal de
Protección al Ambiente de México dictaminó la suspensión total de un nuevo
desarrollo turístico en Cancún, centro neurálgico de las visitas al Caribe, y
por otro Nicaragua incluía entre sus cinco ecosistemas en mayor riesgo de
desaparición los bosques de bambú del litoral de este mar del Atlántico Norte.
Precisamente los arrecifes de coral del Caribe figuran entre los diez
ecosistemas en mayor riesgo de extinción del planeta.
A
la espera de desarrollar adecudamente y definir los criterios concretos y
precisos que servirán para elaborar la lista roja de los ecosistemas mundiales
en peligro, varios organismos y científicos, incluido el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, estudiaron veinte de los considerados más valiosos
y amenazados. Hace dos años se publicó en la revista PLoS ONE una primera lista
que sirve de patrón para que la Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza (UICN) elabore una similar a la que actualmente existe para especies
de animales y plantas. En este caso la categoría de extinto se define como
“colapsado”, es decir, un ecosistema de gran valía que tiene imposible volver a
su estado original.
A
la primera lista con la que trabaja la UICN habría que añadir los 19
ecosistemas presentes entre los 48 lugares declarados Patrimonio Mundial por la
Unesco que considera en peligro. Algunos coinciden con la primera, como los
arrecifes de coral del Caribe (Belice) y los bosques de galería de la cuenca
del río Senegal (Parque Nacional Niokolo-Koba). El Parque Nacional de los
Everglades (Estados Unidos), junto a los bosques tropicales, sobre todo los de
la cuenca del Congo en la República Democrática del Congo, además de los de
Honduras (Río Plátano), Indonesia (Sumatra) y Madagascar (Atsinanana), aparecen
también en la lista roja de la Unesco.
A
continuación se detalla la lista con los diez ecosistemas más amenazados según
los primeros estudios realizados para la UICN, que son aquellos considerados en
colapso (Mar de Aral) y en peligro crítico de extinción (los nueve restantes).
La explicación a la aparición de cuatro lugares de Australia reside en que
todos se concentran en el área de mayor desarrollo urbano, industrial y
agrícola de la isla, la costa sureste, con una población que sobrepasa los
trece millones de habitantes.
1. Mar de Aral
Uzbekistán-Kazajistán
El
Mar de Aral ha pasado de ser el cuarto lago más grande del mundo a no aparecer
entre los veinte primeros. Solo resiste un 10% de una superficie que superó los
67.000 km2, tanto como Aragón, Navarra y el País Vasco juntas. Aunque ahora se
invierten esfuerzos para recuperarlo desde su parte más septentrional, los
expertos consideran que ha entrado en colapso porque ha perdido su
biodiversidad original, incluidas 28 especies de peces endémicos. Además, el
legado de pesticidas, desertización y salinidad que dejaron los cultivos de
algodón y cereales que se regaban con sus aguas mantiene un efecto letal sobre
la naturaleza y la población.
2. Bosques de acacias en la cuenca del
Río Senegal
Senegal, Malí y Mauritania
Causas
similares a las que provocaron la desecación del Mar de Aral se ciernen sobre
las escasas feraces llanuras de inundación que resisten en la cuenca del río
Senegal, y muy especialmente sobre los bosques de acacias (Acacia nilotica) que
crecen en ellas. Presas, agricultura intensiva y sobrepastoreo están acabando
con cientos de años de convivencia pacífica entre la biodiversidad y las
comunidades indígenas. Estas habían aprendido a compasar los aprovechamientos
agrícolas y ganaderos con los períodos anuales de inundación y sequía. Ahora,
hasta las aves granívoras que colaboraban en este equilibrio desaparecen y la
ruptura del mismo provoca el desplazamiento forzado de miles de indígenas y
problemas de salud.
3. Turberas elevadas de Renania
Alemania
Depresiones,
zonas encharcadas y montículos se reparten entre estos humedales repletos de
biodiversidad, que presentan una acumulación de biomasa muerta que abomba el
terreno. Esta acumulación alberga una gran reserva de carbono, por lo que su
paulatina destrucción libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero,
responsables del cambio climático. Aparte de las llamadas de atención de los
científicos que han colaborado en esta incipiente lista de ecosistemas en
peligro, la Comisión Europea, como parte de su labor de conservación dentro de
la Red Natura 2000, ha advertido del riesgo de desaparición que corren en
concreto las turberas de Hunsrück y Eifel, donde varias especies de fauna y
flora asociadas se han convertido en raras.
4. Matorrales de 'fynbos' de El Cabo
Sudáfrica
Hasta
8.500 especies de plantas vasculares (en todas las islas británicas hay 1.400),
el 70% endémicas, encierran estos matorrales de fynbos, nombre de origen
holandés que define a las “plantas de hojas finas”. Por su variedad y colorido
está catalogado como uno de los vergeles botánicos de África, con semejanzas
con nuestro monte mediterráneo. La expansión urbanística, los incendios
forestales y la agricultura amenazan a estos matorrales por una doble vía: por
la destrucción directa del hábitat y por la invasión de especies exóticas,
tanto vegetales como animales. En otra lista, la de las Ecorregiones del WWF,
también está considerado como uno de los ecosistemas en mayor riesgo de
desaparición.
5. Lagunas Coorong y estuario del río
Murray
Australia
Con
idéntico grado de amenaza al de la UICN (en peligro crítico) cataloga el WWF
dentro de su listado de Ecorregiones a este extenso (140 kilómetros lineales) y
complejo (lagunas, lagos, estuario, bosques de ribera…) humedal situado al
sureste de Australia. La declaración de una parte como parque nacional y su
reconocimiento como humedal de importancia internacional (Convenio Ramsar) le
ha salvado de desaparecer por completo, ya que solo se mantiene intacto, pero
de manera fragmentada, el 10% de la superficie original. Numerosas entidades
conservacionistas siguen lanzando la voz de alarma ante uno de los impactos más
notorios: el drenaje del humedal en dirección a tierras agrícolas.
6. Manantiales kársticos del sur
Australia
Piccaninnie
Ponds Karst Wetlands.
Piccaninnie
Ponds Karst Wetlands, también situado en la costa meridional australiana, es
igualmente un humedal de importancia internacional incluido en el Convenio
Ramsar. Sin embargo, las 862 hectáreas protegidas y representativas de los
sistemas kársticos, con manantiales ascendentes y otras formaciones rocosas y
de turba originadas por las aguas subterráneas, se antojan claramente
insuficientes para la comunidad científica. Para demostrar el efecto devastador
que ocasiona la pérdida de esa capa freática y la continuidad de su
afloramiento la UICN expone el caso del género de cangrejos de agua dulce
Euastacus: de las cincuenta especies que sobreviven en estos ecosistemas, 17
están en peligro crítico de extinción y otros 17 en peligro.
7. Pantanos costeros de la cuenca de
Sídney
Australia
Urbanización,
minería del carbón, fracking, incendios, efectos del cambio climático,
carreteras, excesiva regulación hídrica, invasión de especies exóticas… La
propia Oficina de Medio Ambiente y Patrimonio del estado de Nueva Gales del
Sur, donde se encuentra enclavada la biorregión de la cuenca de Sidney,
reconoce las amenazas que acogotan a uno de los ecosistemas más singulares de
esta isla. La misma entidad recuerda que en los últimos 200 años se ha perdido
o degradado el 60% del rosario de humedales costeros que salpicaba y embellecía
estas tierras. Aunque se traducen como pantanos, se trata de llanuras costeras
de inundación sobre fondos de arenisca que sobresalen principalmente en la
meseta de Hawkesbury.
8- Humedales de la cuenca Murray-Darling
Australia
El
río Murray está al 18% de su capacidad.
Los
ríos Murray y Darling (afluente del primero) forman una gigantesca cuenca
hidrográfica (dos veces España) trascendental para el suministro hídrico de la
zona más poblada de Australia (Adelaida, Melbourne y Sidney) y para el
mantenimiento de una de las mayores cotas de biodiversidad asociadas a una gran
variedad de pantanos, bosques y lagos. El problema es que el conflicto entre
las necesidades humanas (incluye una extensa área agrícola) y ambientales
afecta a ambas, ya que la excesiva regulación y explotación hídrica ha llevado
a la eliminación de la vegetación natural y la sequía temporal de tramos del
Murray (se estima que está al 18% de su capacidad), lo que aumenta el grado de
salinidad, que interfiere en el abastecimiento humano.
9- Bosques de laminariales de Alaska
Estados Unidos
Observar
una tupida formación de algas gigantes (laminariales) que pueden superar los 50
metros es lo más parecido a adentrarse en un bosque submarino. Las aguas
costeras de Alaska cuentan con muy buenas representaciones de este ecosistema,
que se encuentra entre los más productivos del planeta por su capacidad de
acogida para numerosas especies (incluidos peces de explotación comercial),
absorción de dióxido de carbono y freno de fuertes oleajes. Sin embargo, la
sobrepesca, fenómenos meteorológicos como El Niño y la contaminación (vertido
del Exxon Valdez de 1989) destruyen la cadena trófica (afecta sobre todo a las
nutrias de mar) y dejan vía libre para que los erizos de mar devoren y
deforesten los bosques de algas.
10- Arrecifes de coral del Caribe.
Más
de 116 millones de personas viven dentro de las costas que dan al mar Caribe, a
los que se añaden 20 millones de turistas anuales. Un estudio del World
Resources Institute junto a veinte organismos que trabajan en la región
sentenció en 2005 que dos tercios de los arrecifes están directamente
amenazados por actividades humanas, y estiman pérdidas económicas de 350 a 870
millones de dólares anuales por la disminución de la pesca de arrecife, el
turismo de buceo y los servicios de protección de la costa, al actuar como
barrera ante los efectos de temporales marinos. La presión turística, la
agricultura intensiva, la sobrepesca y el cambio climático (blanqueamiento del
coral) se alían para poner en peligro a este punto caliente de la biodiversidad
terrestre.
Cortesías: ElPaís.
La Antártida quedará sin hielo si se
queman las reservas de combustible fósil.
Un
informe señala que la contribución de la Antártida al aumento del nivel del mar
podría limitarse a pocos metros, una situación que puede ser manejable si el
calentamiento global no supera dos grados centígrados.
Un
informe del Instituto de Postdam para Investigación del Impacto Climático y de
la Universidad estadounidense de Stanford señala que la contribución de la
Antártida al aumento del nivel del mar podría limitarse a pocos metros, una
situación que puede ser manejable si el calentamiento global no supera dos
grados centígrados.
Superar
ese umbral de temperatura supondría en un futuro la desestabilización del oeste
y el este del continente helado, lo que causaría un incremento de las aguas del
mar y cambiaría el perfil de las regiones costeras de todo el mundo durante los
próximos milenios.
Una
cosa así “no pasaría de la noche a la mañana, pero lo alucinante es que
nuestros actos de hoy están cambiando la cara del planeta Tierra como lo
conocemos y lo seguirá haciendo durante decenas de miles de años”, advirtió la
investigadora Ricarda Winkelmann.
“Si
queremos evitar que la Antártida pierda todo el hielo, es necesario que
mantengamos el carbón, el gas y el petróleo bajo tierra”, agregó la experta,
quien indicó que “el riesgo a largo plazo aumenta con cada décima de grado de
calentamiento (global) adicional”.
Mediante
el uso de cada vez más energía fósil “aumentamos el riesgo de desencadenar
cambios que luego no seamos capaces de parar o revertir en el futuro”, según
Alders Levermann, coautor del estudio.
De
hecho —señaló— la capa de hielo de la Antártida occidental “podría haber
entrado ya en una fase de pérdida de hielo imparable, ya sea como resultado de
la actividad humana o no”.
Por
ello alertó de que “si queremos transmitir ciudades como Tokio, Hong Kong,
Shanghai, Calcuta, Hamburgo o Nueva York como nuestra herencia futura tenemos
que evitar llegar a un punto crítico en Alaska oriental”, agregó Levermann.
Para
realizar su estudio, los expertos calcularon las emisiones de gases invernadero
debido a la combustión de carbón o petróleo para analizar qué pasaría en el
futuro.
Así,
la quema de todos los recursos disponibles de combustibles fósiles generarían
emisiones de unas diez mil millones de toneladas de carbono, lo que se
traduciría en una pérdida de hielo en la Antártida a lo largo de los próximos
diez mil años.
Las
simulaciones de los expertos apuntan que con ese deshielo el nivel del agua del
mar aumentaría hasta tres metros cada siglo durante el primer milenio.
Incluso
si el calentamiento global se limitase a dos grados centígrados (límite a
partir del cual lo científicos consideran que el cambio climático sería
incontrolable) existiría el riesgo de desestabilizar la capa de hielo de la
Antártida occidental.
En
la actualidad, la Antártida contribuye en menos de un 10 por ciento al aumento
del nivel del mar, algo menor si se compara con la expansión térmica del
calentamiento de los océanos y el derretimiento de los glaciares de montañas.
Cortesías: de EFE
domingo, 13 de septiembre de 2015
América Latina y el Caribe: Riqueza Viva
América
Latina y el Caribe es la región con la mayor diversidad biológica en el planeta
y alberga a varios de los países megadiversos del mundo. La región posee casi
la mitad de los bosques tropicales del mundo, 33 por ciento de los mamíferos
totales, 35 por ciento de las especies de reptiles, el 41 por ciento de las
aves y el 50 por ciento de los an!bios.
Los niveles de endemismo son muy altos
en la región: por ejemplo, el 50 por ciento de la vida vegetal del Caribe es
única. Esta biodiversidad también representa una fuente de abundantes recursos
genéticos para América Latina y el Caribe.
En otras palabras, la región está
dotada de una biodiversidad excepcionalmente rica y sus países están dispuestos
a recoger los bene!cios de la utilización sostenible de la biodiversidad y sus
ecosistemas, a !n de promover el crecimiento social y económico y la igualdad.
Existe un creciente reconocimiento del valor de esta biodiversidad y de sus
servicios ecosistémicos asociados; se han creado diversas áreas protegidas y
muchos países han adoptado marcos reglamentarios y políticas destinadas a
garantizar la protección de su biodiversidad y el uso sostenible de sus
componentes.
Para consulta:
Estado de la Biodiversidad en América Latina y el Caribe
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