jueves, 22 de febrero de 2018






La pródiga naturaleza del Santo Domingo español del siglo XIX.

Por Patricia Pereyra.

SANTO DOMINGO. En un hábitat bucólico e incontaminado se desenvolvía la existencia en la franja territorial habitada por la población de habla española en los períodos pre y post independentista, según testimonios de dibujantes, viajeros y escritores.

El Santo Domingo de aquellos tiempos discurría en un ambiente campestre, de cielo limpio, aire puro y aguas claras y torrentosas que corrían en ríos, saltos y cañadas, en entornos casi vírgenes, animados por los cantos de miles de aves que hallaban refugios en árboles frondosos.

“Las alturas corrían como un alargado cinturón desde el pueblo de San Carlos de Tenerife que data de finales del siglo XVII y terminaba en las orillas del río Ozama. Eran colinas verdes cubiertas de todos los géneros de árboles silvestres”, narra Manuel de Jesús Mañón Arredondo, respecto a los alrededores de Santo Domingo en su libro “Crónicas de la Ciudad Primada”.

Refiere que allí crecían “en forma de un espeso bosque las más variadas plantas nativas”.

Y agrega que “abundaban las palmas reales, la palmera espinosa o corozo, el guano, guayabas, matas de mamón, jaguas, jobos, zapotes y mamei, sin contar los intrincados matorrales llenos de lianas, de bejucos de puerco, palos de indio, fideos, anamú, el topetope, palos de balsa, hicacos y el caimoí”.


Río Ozama, bordeado de bosques.

Mañón Arredondo evoca que las orillas del río Ozama estaban bordeadas de ceibos y jabillas, gruesos y altos, con sus ramajes dando sombra todo el año. “Muchas veces al cruzar esos intrincados matorrales en horas de la mañana el rocío parecía pender de los árboles hasta más tarde de lo usual”, añade el autor.

Además, expresa: “En toda la comarca norte soplaba el aire fresco y puro. El silencio era quieto, salvo cuando se percibían esporádicos tiros de escopetas de las de ‘ataque’, en las mañanas en que iban los cazadores tras la caza de las palomas coronitas”.

Recuerda que había allí “miles de ciguas” y carpinteros, bandadas de búcaros, de los Julián Chiví y pájaros bobos que encontraban refugio natural en la gran arboleda sin temores a su extinción.

Mañón Arredondo sigue narrando: “Más allá, a la izquierda se divisaba Punta Torrecilla, muy diminuta, al otro lado de la ciudad en el centro, la silueta parduzca del ábside de San Francisco, a la derecha el sólido campanario de la Merced, el más alto de todos los templos capitaleños, al fondo la iglesia de Regina y casi junto a ella la espadaña de los Padres de Santo Domingo”.

Expresa que todo remataba bajo el trasfondo del horizonte marítimo, limpio, sin nubes y sin tiempo... “Por siglos, Santo Domingo durmió bajo las faldas de sus serradas, sin salir de sus prisioneros muros defensivos”, dice.

Para la época la economía de la parte Este de la isla se basaba en el cultivo del tabaco, en el corte de madera, especialmente de la caoba, y en la ganadería.

Entonces, había en la parte española “unas pequeñas fundaciones llamadas conucos (lugares cercanos para cultivar) nombre que equivalía al de habitación de víveres o plazas de víveres en las islas francesas; es la parcelación ordinaria de algunos colonos de poca fortuna, y más comúnmente de hombres de color y libertos”, testimonia Médéric Louis Élie Moreau de Saint-Méry en su descripción de la parte española.

Posteriormente, en la década de 1860 y 1870 la explotación de los árboles útiles de la República Dominicana aumentó, lo cual produjo cierto agotamiento o extinción local de determinadas especies de árboles.

“Las tasas de deforestación se incrementaron a finales del siglo XIX, debido a la eliminación de bosques para establecer plantaciones de azúcar y otros cultivos comerciales...”, plantea Jared Diamond, traducido por Ricardo García Pérez, en el libro “Colapso”.

Las miradas de Samuel.
También dejó una inestimable iconografía y muy buenas informaciones sobre la época el norteamericano Samuel Hazard, que llegó a Santo Domingo a finales de 1870 o 1871, como parte del equipo de investigadores que acompañó a la comisión de senadores nombrada por el Congreso de Estados Unidos para evaluar la posible anexión del territorio dominicano a esa nación.

En su libro “Santo Domingo, su pasado y presente” el viajero enfatizó que la principal actividad comercial de la capital era el embarque de caoba, tintes y maderas finas procedentes del interior, así como del cuero de los rebaños del Seybo.

También escribió que la pureza del aire le recordaba la de Trinidad de Cuba, considerada la localidad más sana de aquella isla. “Y aunque Santo Domingo no se halla situada en la alta montaña como Trinidad, parece igual de fresca y saludable a causa de las frescas brisas nocturnas procedentes de las colinas, mientras que de día llegan desde el mar”, puntualizó.

Hazard vislumbró tempranamente que Santo Domingo podía ser un atractivo para el turismo.

“La ciudad podría constituir un lugar adecuado para una residencia invernal de inválidos, y ofrecería una hermosa oportunidad a los hoteleros emprendedores de establecer casas en el interior o en las afueras de la ciudad para residencia de las gentes deseosas de escapar de los inviernos septentrionales”, expresó.

Dibujos de Taylor.

La comisión de senadores mencionada también estuvo asistida por uno de los mejores dibujantes y acuarelistas de los Estados Unidos, el corresponsal gráfico James E. Taylor, quien se hizo famoso por sus pinturas y dibujos de la expansión norteamericana en el lejano oeste, las guerras contra los indios y el período de la reconstrucción, luego de terminada la guerra civil norteamericana.

De colección dominicana de Taylor algunos autores han publicado imágenes de Santo Domingo como Emilio Rodríguez Demorizi, en su libro “Pintura y Dibujo en Santo Domingo”, y Bernardo Vega en la obra “Imágenes del Ayer”.

Viñetas literarias de Bonó.

Francisco Bonó plasmó vívidas descripciones de un paisaje rural, entre Cabo Samaná y el Cabo Viejo Francés.

Escribió: “El terreno de estos sitios, salvo los ya dichos cenagales, está sembrado de esa robusta, rica y variada vegetación de Santo Domingo. Bosques limoneros, majagua y uveros cubren el litoral con una entrada de doce leguas al interior y sirven de guarida a una infinidad de puercos montaraces, cuya caza es la ocupación de todos los habitantes que pueblan ese espacio, y el producto de las carnes la única renta que poseen”.

En el prólogo para una reedición de la obra, por parte del Archivo General de la Nación, el historiador Roberto Cassá manifestó que Bonó efectuó una radiografía de la cultura rural decimonónica.

“Este pequeño libro contiene un extraordinario valor para conocer lo que fue la vida del campesinado en el siglo XIX. Es probable que ninguna otra obra literaria o ningún tratado sociológico ─incluidos los del propio Bonó─ informen sobre el mundo campesino como lo hace “El montero”, opinó Cassá acerca de la novela publicada por primera vez en el periódico El correo de ultramar, en París, en 1856.

Bonó, nacido en 1829 y fallecido en 1906, no solo describe con mucha precisión y coloridos detalles los paisajes campestres. Además, esboza tipos humanos, comportamientos, tradiciones, caracteres, vestimentas, bailes, comidas y otros aspectos de la vida cotidiana.

Cassá destaca que “Duarte, Santana, Jimenes o Báez están ausentes” en el texto referido al mundo olvidado del campo, donde residía el 90% de los dominicanos y sostiene que la novela de Bonó abre el camino a un enriquecimiento de la historia social.

Para saber más...
“Descripción de la Parte Española de la Isla de Santo Domingo”. M. L. Moreau de Saint-Méry.

“Santo Domingo, su pasado y presente”. Samuel Hazard.

“Crónicas de la Ciudad Primada”. Manuel de Jesús Mañón Arredondo.

“Otras miradas a la historia dominicana”. Frank Moya Pons.

“Santo Domingo colonial, estudios históricos siglos XVI al XVIII”. Antonio Gutiérrez Escudero.


Cortesía: DiarioLibre.

miércoles, 21 de febrero de 2018






La dura vida bajo el yugo haitiano.

Por Patricia Pereyra

La cotidianidad discurría entre represiones y precariedades en el Santo Domingo español.

SANTO DOMINGO. En la convivencia de 22 años con los invasores, la población vivió bajo tensión y temor a causa de las medidas de fuerza tomadas por el régimen de Jean Pierre Boyer que afectaron sus intereses, y al final de la dominación haitiana varios trinitarios fueron perseguidos, como los libertadores Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, quien fingió su muerte para eludir la asechanza.

Desde los primeros tiempos de la dictadura extranjera, el gobernante Jean Pierre Boyer tomó disposiciones que desafiaban las costumbres y algunas perjudicaron a los comerciantes de la parte Este.

“Una de ellas fue la decisión de prohibir el 20 de marzo de 1823 todo comercio de exportación entre Haití y las demás islas del Caribe, en donde la invasión de Boyer había provocado disgustos, sobre todo entre las autoridades francesas y españolas y donde se hablaba continuamente del gobierno haitiano”, cuenta el historiador Frank Moya Pons en su obra “La dominación haitiana”.

Entonces, Santo Domingo comerciaba con Cuba, Puerto Rico, Martinica, Saint Thomas y Curazao, a donde viajaban goletas y bergantines cargados de caoba y tabaco y retornaban con importaciones de harina, arroz, telas, piezas de hierro y otras manufacturas.

“Esa medida inició una política de aislamiento comercial que afectó gravemente a los importadores y exportadores de ambas partes de la isla, por lo que la misma no se pudo mantener por mucho tiempo”, agrega el autor.

Además, Moya Pons argumenta: Boyer, “que estaba empeñado en mantener un control estricto de la población del Este, recargó aún más las tensiones al disponer en mayo de 1823 que para ejercer la profesión de comerciante era necesario ser ciudadano haitiano”, y para que los comerciantes residentes y establecidos en la parte española antes de la toma de posesión, obtuvieran ese beneficio, era necesario que prestaran previamente juramento de fidelidad a la República, por ante los tribunales de paz, renunciando formalmente a su cualidad de extrangeros, y “ese privilegio sólo podían adquirirlo en caso de que poseyeran bienes raíces en Haití”, pues de lo contrario no serían considerados sino como verdaderos transeúntes’.

Confrontación con la iglesia católica
La relación del gobierno y la iglesia católica también se mantuvo tirante. El clero rechazaba al régimen, ya que perdió propiedades, sueldos y cargos en la Universidad Santo Tomás de Aquino, cerrada luego de que Boyer ordenara el reclutamiento de jóvenes de 16 a 25 años para alistarlos en el ejército, por lo cual la academia se quedó sin alumnos y cerró.

Además, el arzobispo Pedro Valera rechazó la propuesta de Boyer para que se convirtiera en el obispo de toda la isla e hiciera visitas pastorales a la parte haitiana y tampoco quiso recibir retribuciones del gobierno.

Joaquín Balaguer escribió que, ante las adversas circunstancias que enfrentaba, Valera salió el 28 de junio de 1830 hacia el destierro en Cuba, en compañía de un grupo de religiosos y de algunos laicos. Y contó que “un asesino, pagado probablemente por el usurpador, había atentado pocos meses antes contra su vida”. “La punta del puñal del asesino se partió providencialmente sobre la cruz que el prelado llevaba pendiente del cuello”, agregó el escritor y expresidente dominicano.

También los campesinos del Cibao le hicieron resistencia al régimen, ya que no acataban el mandato de cultivar frutos como el cacao y la caña de azúcar y optaban por dedicar sus energías al corte de madera, a la crianza de ganado y a la montonería, labores a las que estaban acostumbrados y no les demandaban grandes esfuerzos.

En el Este no fue aceptado el trabajo obligatorio con el que los haitianos estuvieron familiarizados en otras épocas y trataron de imponer. La disposición, copiada del código napoleónico, entró en vigencia en Haití en el año 1821, para garantizarles mano de obra a los grandes y medianos propietarios, ya que impedía a los campesinos abandonar los predios donde laboraban.

La medida fue rechazada por los trabajadores haitianos y por los dominicanos. Los haitianos argumentaron que no se habían rebelado contra sus antiguos amos para ser de nuevo esclavos, y los dominicanos se justificaban expresando que habían vivido siempre sin ataduras a la tierra.

En el Santo Domingo español no se concebía ni se aceptaba que se pretendiera cambiar la tradición laboral. En este territorio, el trabajo agrícola se basaba, en gran parte, en la ganadería, en la producción de algodón y tabaco y en el corte de madera.

A pesar de que disponían de miles de tareas, los hatos eran explotaciones medianas, con un número de reses mansas que oscilaban normalmente entre 100 y 300 cabezas. El propietario raramente tenía más de tres esclavos trabajando. Esto implicaba que en el hato prevalecía la cooperación laboral entre el sometido, el propietario y su familia.

En el Este, el objetivo básico del código era garantizar la distribución de tierras y la eliminación del sistema de los terrenos comuneros, de acuerdo a la ley del 8 de julio de 1824, que perjudicó a los grandes propietarios, incluyendo a la iglesia católica.

Pobreza y abandono
El historiador Enrique Patín Veloz legó una descripción de la metrópoli en 1844 y en ese sentido relata que Santo Domingo tenía una pequeña población que vivía entre muros, y que solo dos pequeños barrios, San Carlos y Pajarito, estaban fuera de las tapias.

“Entonces, la ciudad carecía de alumbrado público, la oscuridad la cubría con su negro manto en las noches sin luna. Salvo las iglesias, que eran de piedra y mampostería, y de algunos edificios que eran de tapia, la mayor parte de las casas eran bohíos de techos de yagua y paredes de palma”, describe el autor en “El sentido masónico de la vida y la obra de Duarte”.

Asimismo, explica: “Las calles eran de tierra, carecían de cunetas, y las aceras, cuando las tenían, era desiguales, y fuera de las calles principales, la yerba crecía en muchos sitios de ellas. En el Santo Domingo de entonces, a las nueve de la noche, sus habitantes se recogían en sus casas y sólo circulaban escasos transeúntes, y alguno que otro sereno portando un farol”, relata Patín Veloz.

Rememorando aquellos años de decadencia y degradación, la celebrada poetisa Salomé Ureña escribió su poema “Ruinas”.

Manuel de Jesús Mañón Arredondo expresa en su obra “Crónicas de la Ciudad Primada” que en la Plaza Mayor (hoy parque Colón), que contó siempre con el gran atractivo de sus edificaciones oficiales y particulares, se reunió el pueblo durante el acto de declaración de la Independencia Efímera, proclamada por José Núñez de Cáceres, cuando muchos lanzaron vivas “al nuevo estado independiente nacido e inspirado en las guerras de liberación de América Latina”.

En esa zona residió el general Gerónimo Maximiliano Borgellá, el gobernador de Santo Domingo, quien adquirió la casa, la reformó y la usó como sede del régimen haitiano. Antiguamente la residencia había pertenecido a los Dávila Fernández, y su construcción se le atribuye al mandato de Nicolás de Ovando. En tiempos de la ocupación, el edificio era percibido como símbolo del poderío haitiano.

Hoy el inmueble, conocido como Palacio de Borgellá, puede ser admirado por sus galerías de arcos de influencia francesa y otras características arquitectónicas.

Desprecio a los invasores
El prologando dominio haitiano, iniciado en 1822 y que concluyó con la proclamación de la Independencia dominicana en 1844, causó mucha animadversión entre la población, que carecía de medios de comunicación para airear sus malestares, pues los pocos periódicos habían sido cerrados.

El rumor corría con frecuencia y la gente hacía uso de pasquines y de las décimas sobre cualquier episodio que llamara su atención.

Mucha gente se refería con desprecio a los ocupantes. De acuerdo al escritor César Nicolás Penson, que no se guardó su rechazo a los invasores en su conocido libro “Cosas añejas”, los criollos llamaban a los haitianos “mañeses”, pitíses, balsinos, mombolos, cocolos, chepes, musieses”... Y con la expresión “coco macaco” denominaban a los oficiales.

No obstante, es reconocido que el libertador Juan Duarte, ideólogo de la separación de Haití, no fomentó el odio contra los extranjeros, aunque les mostró a sus correligionarios que entre los dominicanos y los haitianos no era “posible una fusión”.

De hecho, el patricio Duarte escribió: “Yo admiro al pueblo haitiano, veo cómo vence y sale de la triste condición de esclavo para constituirse en nación libre e independiente. Le reconozco poseedor de dos virtudes eminentes: el amor a la libertad y el valor, pero los dominicanos que en tantas ocasiones han vertido su sangre, ¿lo habrán hecho solo para sellar la afrenta de que en premio de sus sacrificios le otorguen sus dominadores la gracia de besarles la mano? ¡No más humillación! ¡No más vergüenza! Si los españoles tienen su monarquía española y Francia la suya francesa; si hasta los haitianos han constituido la República Haitiana, ¿por qué han de estar los dominicanos sometidos ya a la Francia, ya a España, ya a los haitianos, sin pensar en constituirse como los demás? ¡No, mil veces no! ¡No más dominación! ¡Viva la República Dominicana!”


Comiendo “de la tierra”
Desde los parajes San Carlos y Pajarito se suministraban muchos alimentos “de la tierra” a los habitantes de Santo Domingo, donde la mayoría de la gente vivía humildemente, con pocos muebles.

Sin embargo, en la ciudad pedregosa, en cuyas maltrechas calles se amontonaba la basura y se desplazaban algunos carromatos, burros y caballos, sobresalían ciertas edificaciones, construidas en los primeros siglos de la Colonia española, que aún pueden ser admiradas en la Ciudad Colonial.

Entre esos robustos inmuebles se destacaban La Fuerza (hoy Fortaleza Ozama), los fuertes como el de San Gil y San Fernando, la Catedral, la Gobernación, la mansión de Diego Colón (Alcázar de Colón) y residencias señoriales como las conocidas Casa de Bastidas y la Casa del Tostado.

La fertilidad de la tierra y el “conuquismo” de entonces permitían que la población se alimentara con plátanos, guineos, rulos, ñame, yuca, yautía, guáyiga, casabe, miel de abejas, leche de vaca y de burra, arroz, habichuelas, huevos, frutas tropicales, aguacates, carnes de res, cerdo y chivos, aves de corral y pescados y mariscos de agua dulce y salada.

En las rústicas cocinas, ubicadas en los patios, se guisaba con manteca de cerdo en fogones de leña, y se usaban enseres de maderas, barro e higüeros. En las residencias de los pudientes se utilizaban enseres de metales, platos de porcelana y cuberterías importados.

La culinaria estaba muy influenciada por la cultura africana, pues los antiguos esclavos convivían con la población blanca y se elaboraba platos como los pasteles en hoja, arroz y habichuelas, catibías, sanchocho, mangú, mofongo, longanizas, morcillas y fritangas. También se preparaban postres como el jalao y los dulces de coco y leche.

Los poderosos disfrutaban de algunos alimentos extranjeros, tales como jamones, aceitunas, alcaparras, quesos curados, aceite de oliva, y de bebidas como la ginebra, vinos de Oporto, Burdeos, Jerez de la Frontera y licores.

Para saber más...
“Narraciones dominicanas”. Manuel de Jesús Troncoso

“El arzobispo Valera”. Max Henríquez Ureña

“Diario de la independencia”. Adriano Miguel Tejada

“Compendio de la Historia de Santo Domingo”. José Gabriel García

“Biografía de Juan Pablo Duarte”. Orlando Inoa

“Historia social y económica de la República Dominicana”. Roberto Cassá

“Memorias del Foro Gastronómico Dominicano 2015: Identificando la esencia y los matices de nuestros sabores”.

“Los orígenes de la gastronomía dominicana”. Dagoberto Tejeda Ortiz.

“Las frutas de los taínos”. Bernardo Vega.


Cortesía: DiarioLibre

sábado, 17 de febrero de 2018





Migración: el futuro depende de las acciones que emprendamos hoy

Por. Caglar Ozden.

Alrededor de 250 millones de migrantes actualmente viven fuera de sus países de nacimiento, y representan aproximadamente el 3,5 % de la población mundial. Pese a la percepción generalizada de una crisis migratoria, esta proporción se ha mantenido bastante estable desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial y está muy por debajo de otras mediciones principales de la globalización: el comercio internacional, los flujos de capital, el turismo, etc. Un dato estadístico más notable es que los refugiados, cuyo número es de alrededor de 15 millones, representan el 6 % de la población de migrantes y tan solo el 0,2 % de la población mundial. En otras palabras, podríamos acomodar a todos los refugiados del mundo en una ciudad de una superficie de 5000 metros cuadrados —que es aproximadamente el tamaño de la zona metropolitana de Estambul, Londres o París— y aún sobraría espacio.

Hay dos motivos para que exista la percepción de una crisis.
 Primero, la población migrante y especialmente de refugiados está muy concentrada. Aproximadamente en 10 países de destino viven las dos terceras partes de la totalidad de inmigrantes. Hay una concentración aún mayor de refugiados en países de destino, y más del 80 % de ellos vive en países vecinos. Mientras que los beneficiarios de la migración por lo general se mantienen en silencio, los que trabajan y viven en zonas afectadas negativamente se hacen oír.

Segundo, las personas que se ven diferentes y no pueden votar son un objeto conveniente de crítica cuando las cosas se ponen difíciles y se producen crisis económicas. Aunque no hay prueba de ello, lamentablemente la Gran Recesión brindó la oportunidad para culpar a los migrantes por la pérdida de empleos, el mayor desempleo y los déficits fiscales. Sencillamente esto no era verdad.







Ser parte de la generación que pone fin a la mutilación genital femenina.

Por: *Sandie Okoro

La mutilación/ablación genital femenina es una realidad cotidiana para millones de niñas y mujeres en todo el mundo. Ya no me sorprende cuando una mujer me confía que ha sido “cortada”, o me cuenta sobre las consecuencias con las que tiene que vivir. Hace poco, tuve el privilegio de reunirme con sobrevivientes de esta práctica que son también activistas, y están luchando para eliminarla en el curso de una generación. Esto me recordó que una persona puede marcar la diferencia en la eliminación de la mutilación/ablación genital femenina

Con ocasión del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, el 6 de febrero, apoyamos el movimiento #EndFGM (Fin a la mutilación genital femenina), encabezado por una sobreviviente, y que cobra ímpetu y fuerza en todo el mundo.

La mutilación/ablación genital femenina, conocida como “corte”, es una forma de violencia que afecta al menos 200 millones de niñas y mujeres por todo el mundo. Alrededor de 6000 mujeres y niñas son víctimas de mutilación genital a diario, padeciendo consecuencias prolongadas e irreversibles durante toda su vida.

La práctica se relaciona estrechamente con el fin de la pobreza extrema; las niñas que la sufren tienen mayores probabilidades de ser obligadas a casarse a temprana edad y de ser pobres y permanecer pobres, y menos probabilidades de tener acceso a educación. Más allá de los datos y las estadísticas, investigadores han indicado que la mutilación genital femenina priva a las mujeres de tener una buena salud sexual y psicológica.

Esto es lo que Jaha Dukureh, una sobreviviente y activista, denominó “pobreza planificada para las niñas”, y un instrumento para su consolidación. Dukureh, al igual que otras sobrevivientes y activistas, habló durante un reciente evento en el Grupo Banco Mundial titulado “Poner fin a la mutilación genital femenina: El rol de las leyes, la educación y las normas sociales”.

Durante el encuentro, Dukureh, quien fue “cortada” cuando tenía un mes de vida, dijo que comenzó a entender las repercusiones de este trauma a los 15 años, edad en que contrajo matrimonio. Sobrevivientes como ellas están a la vanguardia de este creciente movimiento internacional para poner fin a la práctica.

Esta lucha la encabezan activistas y ONG. Tostan, una organización sin fines de lucro que trabaja en las zonas rurales de Senegal, realiza esfuerzos para acelerar el movimiento en favor del fin de la mutilación/ablación genital femenina. Tostan emplea una estrategia integrada y holística de educación no formal para empoderar a las comunidades, capacitándolas en temas como visión y valores, democracia, derechos humanos y responsabilidades, resolución de problemas, higiene y salud. La estrategia de largo plazo de Tostan brinda oportunidades a los miembros de la comunidad de considerar aspiraciones y normas alternativas.

Creemos que la legislación y el conocimiento de las mujeres y niñas de sus derechos consagrados en la ley son los primeros pasos en la lucha para #EndFGM. 

Con este fin, la Vicepresidencia Legal del Grupo Banco Mundial ha dado a conocer un nuevo documento en que se proporciona un panorama general de instrumentos internacionales y regionales claves que abordan la mutilación/ablación genital femenina, así como de leyes nacionales adoptadas para prohibir la práctica. La publicación Compendium of International and National Legal Frameworks on Female Genital Mutilation/Cutting (Compendio de marcos legales internacionales y nacionales sobre la mutilación/ablación genital femenina) (PDF, en inglés) es un documento de trabajo preparado para contribuir a este debate de desarrollo urgente, dando por entendido que la ley es una importante herramienta de empoderamiento para poner fin a dicha práctica.

Esperamos que responda a las necesidades de los interesados en esta materia, así como de aquellos que trabajan con mujeres y niñas afectadas o en riesgo. Su finalidad es ser una herramienta de referencia para especialistas en desarrollo, abogados, líderes comunitarios, sobrevivientes, académicos, investigadores y estudiantes, además de personas interesadas en ayudar a poner fin a esta práctica.

En 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución pidiendo a la comunidad internacional intensificar los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación genital femenina. También exhortó a los “Estados, el sistema de las Naciones Unidas, la sociedad civil y todos los interesados a seguir celebrando el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina el 6 de febrero y a aprovechar ese día para intensificar las campañas de concienciación y adoptar medidas concretas contra la mutilación genital femenina”.

El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, se pronunció (i) contra la mutilación genital femenina en 2014, señalando que “como médico, reconozco el sufrimiento terrible. Como antropólogo, veo que está arraigado a lo largo del tiempo, pero realmente se puede cambiar”.

Deseamos que ese cambio se produzca. Podemos ser la generación que pone fin a la mutilación genital femenina para siempre. 

*Sandie Okoro, Senior Vice-President and General Counsel for the World Bank Group.




Cortesía: Boletín BancoMundial




Me crié en una de las ciudades más tóxicas del mundo.

POR: Lemmy Kapinka

Crecí en Kabwe, un hermoso lugar de la región central de Zambia que en el pasado fue una de las principales ciudades mineras del mundo. En la actualidad es más conocida como uno de los lugares más contaminados del planeta debido a la intoxicación por plomo.

Antes de que yo naciera, mi padre y mi madre se trasladaron de un pueblo ubicado en la zona central de Rodesia del Norte —como se llamaba Zambia en esa época— a Broken Hill, una ciudad que pasó a llamarse Kabwe después de la independencia. Kabwe se encuentra en el medio de la Provincia Central de Zambia, a unos 160 km de Lusaka, la capital del país.

Broken Hill era famosa por la minería de plomo y zinc, y trabajar en las minas era uno de los empleos más prestigiosos que se podía tener en ese tiempo. Nos sentíamos privilegiados en comparación con otras familias de los alrededores. Por ejemplo, yo asistía a la escuela con zapatos, mientras que la mayoría de mis amigos iban descalzos.

Crecer en Kabwe era toda una aventura para los niños. Como no había jugueterías, pasábamos muchas horas haciendo autos de juguete con alambres que encontrábamos entre los escombros de los vertederos de las minas. Y una laguna que descubrimos cerca de los vertederos se convirtió en nuestra piscina. En ese entonces no teníamos idea de que el agua en la que nos zambullíamos podría contener plomo u otros contaminantes.

Para complementar los bajos ingresos que recibían nuestros padres por su trabajo en las minas, cultivábamos nuestras propias hortalizas, como tomates, coles y cebollas. Ellos no sabían nada sobre la calidad del suelo o del agua utilizada para regar las verduras.

También me acuerdo que las mujeres embarazadas de nuestro vecindario seguían una antigua tradición que consistía en comer un tipo especial de arcilla durante el embarazo. Lo hacían para contrarrestar las náuseas y obtener minerales, pero tampoco sabían que al comer esta arcilla se exponían posiblemente al plomo y otros contaminantes.

No todos mis recuerdos de Kabwe son agradables. Vivíamos en el sector occidental de la mina y el viento soplaba de este a oeste. A ciertas horas del día, una espesa nube de humo —que provenía seguramente de la fundición de la mina— pasaba por encima de nuestra casa. Respirar aquel aire nos hacía toser, y si estábamos jugando fútbol afuera, corríamos al interior para escapar del humo.

Mi padre trabajó 20 años en las minas, hasta que se jubiló en 1983. Al terminar la secundaria, me fui a estudiar a la universidad en Lusaka, y posteriormente salí de Zambia en busca de mejores oportunidades y me trasladé al sur de África.

Voy a avanzar hasta el año 2002. En ese tiempo trabajaba para el Banco Mundial en Pretoria (Sudáfrica), y durante una misión a Lesotho escuché a dos colegas que hablaban sobre Kabwe. Con entusiasmo les conté que me había criado en esa ciudad, pero ellos reaccionaron con una mirada inquietante y me preguntaron: “¿Y cómo estás?”. Esto me pareció muy extraño, pero de inmediato me comentaron que Kabwe era una de las ciudades más contaminadas del mundo, y me mostraron un informe sobre los niveles de contaminación existentes. Quedé estupefacto y entré a Internet para buscar más información. Después de leer sobre el nivel de intoxicación por plomo en Kabwe, decidí actuar. Mi madre y mi hermano menor aún vivían allí, y los convencí de que se mudaran a Lusaka, donde ella aún se encuentra.

En retrospectiva, recuerdo que muchos niños de Kabwe tenían problemas conductuales y de desarrollo. Pueden haber influido otros factores, pero muchas veces me he preguntado si la intoxicación por plomo era una de las causas. En esa época nadie nos alertó acerca de los posibles riesgos, pero ahora lo sabemos. Me tranquiliza que las autoridades de Zambia, con el apoyo del Banco Mundial y otros asociados, estén tomando medidas al respecto.


 
Lemmy Kapinka relató su historia durante un evento realizado el 11 de enero en la sede del Fondo Monetario Internacional, durante el cual integrantes de la Comisión Lancet sobre contaminación y salud presentaron las conclusiones de un informe reciente. (i) El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, pronunció las palabras de apertura del evento y reiteró el firme compromiso del Banco de abordar el problema de la contaminación.


Cortesía: BancoMundial