martes, 27 de febrero de 2018
El grito que cambió
el derrotero de la
HISTORIA Dominicana
La proclamación de la
separación de Haití marcó un antes y un después en Santo Domingo.
Por: Emilia Pereyra
SANTO DOMINGO. La decisiva noche del día 27 de febrero de 1844,
la población de la amurallada ciudad de Santo Domingo se sacudió al escuchar el
estallido del trabucazo disparado por el prócer Matías Ramón Mella, en la
Puerta de la Misericordia, ante decenas de personas reunidas en el Santo
Domingo español.
Con ese acto heroico y la proclamación de la Independencia
Nacional se cosecharon los frutos de varios años de trabajo emprendido por una
joven generación, encabezada por Juan Pablo Duarte y Diez, quien organizó la
pertinaz resistencia contra la dominación haitiana con la fundación de La
Trinitaria y de otras sociedades, dirigidas a combatir el dominio de 22 años.
Aunque el inspirador de la liberación de la parte Este de la
isla, no estuvo presente la histórica noche, porque había tenido que exiliarse,
para preservar la vida, en el acto tuvo un papel notable Francisco del Rosario
Sánchez.
Allí mismo, en la Puerta del Conde, después de que Sánchez
pronunció la expresión “Dios, patria y libertad”, los presentes exclamaron
¡Viva Juan Pablo Duarte!, recordando al inspirador y promotor principal de la
separación.
El historiador y editor Orlando Inoa, en su “Biografía de Juan
Pablo Duarte”, afirma que Cayetano Abad Rodríguez, quien estuvo en la Puerta
del Conde, afirmó en el periódico La Opinión Nacional, del 15 de septiembre de
1898, que el nombre de Juan Pablo Duarte figuraba como el jefe principal.
Congregación de la gente
En la noche los comprometidos con la causa de la liberación se
congregaron primero en la Puerta de la Misericordia, en torno a Mella. Cuando
parecía que el plan podría fracasar, el prócer disparó su trabuco y exclamó:
“¡La suerte está echada! No podemos retroceder”.
La valerosa actitud animó a los seguidores, quienes de inmediato
ocuparon la Puerta del Conde junto con otros grupos dirigidos por Sánchez,
Tomás Bobadilla, Manuel Jimenes, Remigio del Castillo, José Joaquín Puello y
Eduardo Abreu.
En lo alto del baluarte, el joven Sánchez proclamó la
independencia gritando: “¡Separación, Dios, patria y libertad, República
Dominicana!”. De inmediato, enarboló la nueva bandera y ordenó el toque de una
diana.
La historiografía dominicana narra que la heroína María Trinidad
Sánchez se movilizó en esas horas, transportando pólvora entre sus faldas y que
además estuvo presente en la proclamación de la independencia.
Había mucha tensión. El peligro acechaba y cuando los sublevados
preparaban el asalto a La Fuerza (hoy Fortaleza Ozama) una patrulla haitiana se
aproximó a la Puerta del Conde y fue expulsada a tiros. El nerviosismo
aumentaba.
En La Fuerza, donde estaban los soldados del régimen haitiano,
dispararon tres cañonazos en señal de alarma. Sin embargo, los patriotas no se
atemorizaron y respondieron con otras tres descargas. Entretanto, Juan Alejandro
Acosta y su grupo tomaban posesión de la comandancia.
En esas horas llenas de emociones, dudas y alegrías, la
población se mantuvo expectante respecto a lo que podía suceder en las
siguientes horas.
“Al amanecer del 28 el pueblo en masa acudía al baluarte a
apoyar la proclamación de la República mientras el comandante haitiano Etienne
Desgrotte envió cerca de los alzados una comisión de oficiales para tomar
conocimiento directo y preciso de la finalidad del alzamiento. La contestación
de los patriotas, enviada por escrito a media mañana, decía que el pueblo
dominicano había tomado la firme decisión de ser libre e independiente, sin que
ninguna amenaza sea capaz de retractar su voluntad”, narró Pedro Troncoso
Sánchez en “Episodios duartianos”.
En la tarde se acordó la capitulación de los haitianos, con la
mediación del cónsul de Francia en Santo Domingo, Eustache Juchereau de
Saint-Denys.
A continuación la plaza fue entregada por los invasores a los
dominicanos, sin resistencia al día siguiente, 29 de febrero, por el general
Desgrott.
Con esa capitulación, terminaban 22 años de dominación
extranjera en la parte Este de la Islade Santo Domingo.
Traspaso del poder
Troncoso Sánchez relató que en la Puerta del Conde se formó la
primera Junta Central Gubernativa, compuesta por Francisco del Rosario Sánchez,
Ramón Mella, José Joaquín Puello, Remigio del Castillo, Wenceslao de la Concha,
Mariano Echavarría y Pedro de Castro y Castro.
En los siguientes días, de acuerdo a Frank Moya Pons, en su
“Manual de historia dominicana”, todos los pueblos del país se fueron
pronunciando en favor de la Independencia.
“Así nació la República Dominicana, gracias a la dedicación y a
la actividad de los trinitarios, quienes a última hora tuvieron que aliarse con
el antiguo partido boyerista de Santo Domingo, cuyos líderes principales se
encontraban en desgracia, entre ellos Tomás Bobadilla y José Joaquín Puello,
quienes poseían un enorme prestigio entre la clase alta de la capital, el
primero, y entre las masas de color, el segundo”, agrega el historiador.
Cuando se formó la Junta Central Gubernativa, que sustituyó el
Comité Insurreccional, el experimentado Bobadilla fue elegido presidente en
lugar de Sánchez, de 27 años entonces, con lo que fracasó el plan de los
trinitarios de mantener el control del gobierno.
Paradójicamente, Bobadilla iniciaba como gobernante una nueva
etapa de la historia del país, a pesar de que ayudó a sostener la dominación
haitiana, como funcionario del régimen de Jean Pierre Boyer, el gobernante que
dirigió la invasión en 1822.
Los trinitarios no estuvieron conformes con el mando y dieron un
golpe de estado contra Bobadilla, acción enfrentada por Pedro Santana, hatero
del Este, quien se convirtió en presidente e integró a Bobadilla a su junta de
gobierno.
Destierro para los libertadores
Santana declaró traidores a la patria y desterró a Juan Pablo
Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella y a los comandantes
Pedro Pina, Gregorio del Valle y Juan Jiménez, al capitán J. J. Illas y a Juan
Isidro Pérez, según la resolución de la Junta Central Gubernativa del 22 de
agosto de 1844.
La víctima más conocida de esa política de su gobierno fue la
heroína María Trinidad Sánchez, ejecutada el 27 de febrero de 1845, luego de
que se les hiciera un juicio junto a otras personas, por conspiración contra el
régimen santanista. El fusilamiento de la mártir causó conmoción en la
localidad.
Reacción ante el inicio de la dominación haitiana.
Cuando se produjo la llegada de Jean Pierre Boyer el 9 de
febrero de 1822, con su ejército invasor al Santo Domingo español obtuvo en un
principio la aprobación de parte del pueblo llano, en especial de negros y
mulatos, afectados por la esclavitud, cuya abolición fue decretada por Boyer.
Empero, encontró oposición en los terratenientes y en la iglesia
católica, lesionados porque fueron desposeídos de tierras y otras propiedades.
El gobierno tomó medidas para evitar que se produjera una
sublevación en Samaná, donde en enero de 1822 se hacían planes para enfrentar
la invasión haitiana con el apoyo de una escuadra francesa que llegaría desde
Martinica y de algunas tropas españolas procedentes de Puerto Rico.
En junio de 1822, gente de Montecristi pidió al gobernador de
Cuba “auxilios para separarse de los negros y mulatos” que los gobernaban,
según comprobó el historiador José L. Franco.
Cortesía: DiarioLibre.
lunes, 26 de febrero de 2018
Cuando los Trinitarios usaron el teatro contra la dominación haitiana.
La afición artística contribuyó a despertar la conciencia
libertaria.
Por: Emilia Pereyra
SANTO DOMINGO. En su lucha contra la dominación haitiana, que
perduró 22 años en la parte Este de la isla de Santo Domingo, los jóvenes
libertadores usaron el teatro como recurso para concienciar a la población de
la necesidad de liberar al Santo Domingo español.
En el contexto, las sociedades La Filantrópica y La Dramática
fueron creadas por el libertador Juan Pablo Duarte para que fungieran como
activos centros de cultura y fomentaran, desde el punto de vista ideológico,
una toma de conciencia de parte de la población, que la motivara a actuar
contra el sometimiento.
Los jóvenes trinitarios seguían una práctica arraigada en
América, donde se utilizaban las artes escénicas para difundir ideas.
Sobre este aspecto, el intelectual Max Henríquez Ureña recordó
que en La Española el teatro era uno de los entretenimientos favoritos de los
habitantes desde tiempos coloniales y que las obras representadas no solo eran
importadas de España, sino también escritas por los lugareños, aunque no han
quedado amplios registros de la producción local de la época.
Sin embargo, en 1588 Cristóbal de Llerena escribió la farsa
“Octava de Corpus Christi”, sobre la invasión del corsario inglés Francis
Drake, ocurrida dos años antes.
En una carta enviada al arzobispo Fernando Arturo de Meriño el
29 de abril de 1883, el independentista José María Serra explicó: “La
Trinitaria y La Filantrópica fueron dos sociedades distintas: la primera era
exclusivamente revolucionaria; la otra no”...
Repeliendo el teatro
francés.
Las sociedades estaban enfocadas a contrarrestar el efecto de
las acciones de corte cultural desarrolladas por el gobierno haitiano, como fue
el montaje de obras de teatro en francés, con textos de los dramaturgos Jean
Racine y Pierre Cornielle.
La Dramática estaba formada por aficionados y, bajo el pretexto
de ofrecer funciones artísticas, proporcionaba a los socios la posibilidad de
reunirse sin despertar sospechas. El gobierno acordó darles el permiso a los
participantes, no sin antes hacer comparecer a un coronel jefe del Parque de
Artillería, nombrado Santillana, quien aseguró al régimen haitiano que eso (el
montaje de las obras) era una cosa de muchachos y que era útil que los jóvenes
haitianos imitaran a los dominicanos.
Esa opinión favoreció los proyectos de los patriotas, y los
dominicanos lograron estremecer al público al presentar obras como “Bruto” o
“Roma Libre”, tragedia en cinco actos de Antonio Saviñón, y “Día del año 23 en
Cádiz”, del escritor español Eugenio de Ochoa.
Además, presentaron el drama “La viuda de Padilla”, de Francisco
Martínez de la Rosa, cuya puesta en escena fue todo un acontecimiento. La
elección de la pieza fue muy acertada, ya que su tono oratorio y los diálogos,
que expresan la defensa de los derechos de los protagonistas, sintonizaban con
los sentimientos del pueblo avasallado.
En esta representación sobresalió de manera especial la
actuación de Juan Isidro Pérez, porque hacía particular énfasis en ciertos
pasajes que podían aplicarse a los dictadores haitianos o a las circunstancias
del momento.
Varios trinitarios se convirtieron en actores para dar vida a
los personajes de las obras, elegidas cuidadosamente para que contribuyeran a
concienciar sobre los efectos de la dominación haitiana.
Enrique Patín Veloz contó que don Manuel Guerrero, fervoroso
partidario de Duarte, convirtió el edificio de la antigua cárcel en un teatro
de buen tamaño.
Testimonio de Rosa
Duarte.
Rosa Duarte señaló en sus conocidos
“Apuntes...” que La Dramática, cuyo tesorero era su hermano Juan Pablo, fue
fundada para crear “espíritu público”. Igualmente, explicó que las piezas iban
ilustrando al pueblo que cada día comprendía más y más sus deberes para con la
patria.
Además, relató: “Llegó su entusiasmo por la libertad al extremo
que representando a “Bruto” se oyó gritar en el patio y en algunos palcos:
¡Haití como Roma!”.
Serra también se refirió a la experiencia que tuvieron los trinitarios
utilizando el teatro para enfrentar a los tiranos extranjeros: “Este se llenaba
de bote en bote en ciertas representaciones escogidas de intento, y la
exaltación del espíritu público era tal, en ocasiones, que llegó a llamar la
atención del gobernador, quien una noche hizo subir al escenario a un ayudante
suyo, para pedir la pieza que se representaba y ver si en ella era cierto que
estaban escritas estas palabras: ‘Me quiere llevar el diablo cada vez que me
piden pan y me lo piden en francés’. Esa invectiva contra los franceses no era
supuesta: estaba en efecto escrita en la comedia, y el general Carrié se dio
por satisfecho”.
El trinitario expresó que en el teatro español abundaban “piezas
en que el espíritu de nacionalidad, excitado por la guerra que le llevó el
genio invasor de Napoleón”, no omitía ocasión de “zaherir y ridiculizar en la
escena a los franceses”.
Es reconocido que el trabajo de Duarte tuvo diversas facetas
como fueron el activismo político, la alfabetización de adultos, las cátedras
de humanidades, el adiestramiento en el manejo de las armas (práctica y
enseñanza de esgrima), la celebración de reuniones, veladas, representaciones
dramáticas y la creación de sociedades culturales y filantrópicas, lo cual
elevó el nivel intelectual y moral del pueblo y fomentó las esperanzas.
Prohibiendo peleas
de gallos.
El gobernante haitiano Jean Pierre Boyer tomó una serie de
medidas para propiciar un cambio de las costumbres de la población de habla
española, y prohibió las peleas de gallos los días laborables. Sin embargo, el
gobierno no pudo suprimir la arraigada práctica y dos décadas después el
francés Jean Baptiste Lemonnier-Delafosse daba cuenta de que las principales
diversiones de los adultos eran las peleas de gallo, las fiestas de los toros y
la danza.
El hábito de apostar a las peleas de gallos ha permanecido hasta
estos días en campos y ciudades dominicanas. Este hecho es una clara evidencia
de que ni las disposiciones de Boyer ni el paso de los siglos han impedido que
esta costumbre persista en la cultura criolla.
Anteriormente, el 24 de agosto de 1826 Boyer limitó la
celebración de las fiestas religiosas tradicionales con la circular del “Grand
juge”, dirigida a los comisarios del gobierno de Santiago y Santo Domingo,
relativa a los festejos.
El dictador justificaba la medida con el argumento de que en las
diferentes parroquias de la parte Este de la República se perdía un tiempo
considerable y precioso para el trabajo a causa de las numerosas fiestas.
En la obra “Juan Isidro Pérez, ilustre loco”, Rodríguez Demorizi
relató un episodio que alteró su ánimo. “Un día, en el barrio del Carmen, él
sólo (Pérez) se defendió de la patrulla haitiana que trataba de impedir el
juego de San Andrés a que estaba entregada la juventud del vecindario”.
Aunque se ha ido perdiendo esta tradición en la cultura
dominicana, este juego se practicaba antes cada 30 de noviembre, día de San
Andrés, y consistía en que la gente se lanzaba almidón, polvo blanco o agua a
la cara en las calles y espacios abiertos.
De acuerdo a Carlos Esteban Deive, la fiesta de San Andrés tuvo
sus antecedentes en las cabalgatas de los oidores el siglo XV, cuando tiraban
naranjas a las personas que hacían lo mismo desde las ventanas. Luego “de los
naranjazos en el siglo XVIII se pasó a los cascarones de huevo rellenos de
agua”, escribió el narrador e historiador.
Para saber más...
“Los dominicanos vistos por extranjeros”. Carlos Esteban Deive.
“Apuntes de Rosa Duarte”.
“Juan Isidro Pérez, el ilustre loco”. Emilio Rodríguez Demorizi.
“Biografía de Juan Pablo Duarte”. Orlando Inoa.
“Diario de la Independencia”. Adriano Miguel Tejada.
“La dominación haitiana”. Frank Moya Pons.
Cortesía: DiarioLibre.
viernes, 23 de febrero de 2018
Cuando
la educación estaba en las nieblas de un naufragio
El gobierno haitiano pretendió imponer
el uso del francés en el Santo Domingo español.
Por: Patricia Pereyra.
SANTO DOMINGO. La dominación haitiana fue un período estéril
para la educación, situación que causó desasosiego en la sociedad de la época,
en vista de que se rompió una tradición que existía en materia de enseñanza que
empezó poco después del 1502, cuando los primeros maestros, frailes de la Orden
de San Francisco, iniciaron la docencia en su convento de Santo Domingo.
En la colonia española, había sido creado primero el Real
Colegio Francisco Javier y luego la Universidad Santiago de la Paz y Gorjón.
Posteriormente fue fundada por bula papal, el 28 de octubre de 1538, la
Universidad de Santo Tomás de Aquino, a la que concurrían incluso estudiantes
de otros países. De esta última academia se originó posteriormente la
Universidad de Santo Domingo.
De modo que cuando Boyer se impuso con su fuerza militar en la
parte Este había universidad en Santo Domingo. Pero el 3 de diciembre de 1823,
el mandatario dirigió una circular a los comandantes de los departamentos, en
la que dispuso el ingreso al cuerpo militar de los jóvenes de 16 a 25 años.
Entonces los alumnos de la universidad pasaron a los cuarteles y la academia
fue cerrada.
La decisión de Boyer causó el cese de la casa de estudios,
situación que él no intentó revertir en los años siguientes.
El historiador Emilio Rodríguez Demorizi escribió que tras la
ocupación militar, el gobernante manifestó su interés de reunirse en claustro
con profesores y estudiantes de las diversas facultades y que en dicho
encuentro expresó que tenía “sumo interés en conservar ese núcleo de saber
humano” y que incluso prometió enviar jóvenes haitianos para que establecieran
lazos de perpetua unión.
“Pero no bien dio la espalda a la ciudad absorta, cuando el
general Borgellá mandó cumplir las inflexibles órdenes del presidente... Era
una luz apagada violentamente entre las nieblas de un naufragio”, agregó.
Al respecto el autor Ricardo Pattee arguye que el contraste era
enorme entre el desierto cultural que fue la parte francesa y el florecimiento
de una cultura religiosa y profana en la franja española. Recuerda que España
fundó colegios y universidad en su primera posesión en ultramar, mientras que
Francia no lo hizo en Saint Domingue.
El ensayista resalta una diferencia esencial entre el sistema de
gobierno español, que tendía a crear una conciencia y una personalidad en su
colonia y el de Francia, que explotaba su posesión en ultramar en nombre de la
prosperidad de la metrópoli.
Sin embargo, muchos mulatos de Saint Domingue se educaron en
Francia, pero casi siempre después de culminar sus estudios optaban por
permanecer en el exterior.
Entre 1822 y 1843, la educación estuvo relegada en Haití. Por
eso, no ha de extrañarse que Boyer mantuviese la misma política en el lado
Este. Tras la revolución de 1843, que lo depuso, fue nombrado el primer
ministro de instrucción pública y se fundaron las primeras escuelas en la parte
occidental.
El testimonio de Serra
El trinitario José María Serra dio testimonio sobre el impacto
que causó el cese de la docencia en Santo Domingo.
“Cerrada la universidad con el dominio de los haitianos, el
espíritu filantrópico del Dr. D. Juan Vicente Moscoso (pasado rector de la
academia) sufría al contemplar la juventud dominicana sin más alimento
intelectual que el escasísimo que le proporcionaban las escuelas de
particulares, limitadas a enseñar a leer y escribir (formar bonita letra) y a
repartir rutinariamente las primeras reglas del arte de contar. En la escuela
pública se enseñaba lo mismo, pero en francés, que era el idioma oficial. El
Dr. Moscoso abrió, pues, una clase en su casa, y allí concurrieron unos tantos
jóvenes ávidos de instrucción”, escribió el patriota.
Los grupos de mayor conciencia social e intelectual no cruzaron
los brazos ante el cierre de los planteles y mantuvieron abiertas varias aulas
en casas particulares y en otros espacios donde impartían docencia y
discretamente se discutían ideas.
Por un período el sacerdote D. José Ma. Sigarán abrió en el
convento Santa Clara un curso de latín. Otro docente voluntario fue el doctor
Manuel María Valverde, quien dedicaba el poco tiempo que les dejaban sus
atenciones a los enfermos a la educación de sus hijos y sumaba algunos alumnos
que quisieran recibir ese beneficio, como fueron los Duarte y otros.
Tras su llegada a la parte Este, en 1838, el sacerdote Gaspar
Hernández se convirtió en el mentor de los revolucionarios congregados en la
sociedad secreta La Trinitaria.
Hernández impartía sus clases durante cuatro horas en la mañana,
con “marcado placer”, en la sacristía del convento Regina Angelorum, donde se
debatían también ideas políticas y se hablaba sobre la situación política
imperante, en un ambiente de intimidad, según contó Serra.
Defensa de la tradición.
El filólogo Germán de Granda valoró esa “transcendental tarea
cumplida” (la enseñanza), que buscaba “contrarrestar los efectos de la política
lingüística haitiana en el ámbito educativo, por un buen número de profesores
privados dominicanos que, al impartir deliberadamente sus clases en lengua
española, aseguró, durante el período de la anexión al país vecino, la
continuidad de la tradición hispánica...”.
En el convento también enseñaban latín, teología y otras materias.
Se racionalizaba la historia universal comparándola con el estado del país: el
contraste repugnante que presentaba la fuerza romana y la inteligencia de
Grecia con la abyección de la antigua Española, bosquejado hábilmente por aquel
profesor (Hernández) liberal y patriota, despertaba en los alumnos el
sentimiento de su abatimiento revelándoles el secreto de una fuerza latente que
antes no habían podido descubrir, agregó Félix María del Monte.
El historiador señaló que se hablaba libremente en el retiro de
los claustros del convento Regina Angelorum sobre los derechos imprescriptibles
del hombre, el origen del poder en las sociedades, las formas de gobierno, la
índole de las constituciones, el sufragio de los pueblos, el principio legítimo
de la autoridad y la soberanía de la razón.
En sus “Apuntes”, Rosa Duarte, hermana del prócer Juan Pablo
Duarte, aseguró que la clase de filosofía que impartía el sacerdote Hernández
era más una junta revolucionaria que una sesión de estudios filosóficos.
Lo cierto es que Hernández, de profundos sentimientos hispanos,
se vinculó con jóvenes distinguidos como los Duarte, Billini, Bobea, Mella,
Llavería, Sánchez, Barriento y otros pertenecientes al bando antihaitiano,
sobre los que ejerció influencia.
Los críticos del religioso han argumentado que Hernández era un
pertinaz enemigo de los haitianos y que trabajaba para que la parte Este
retornara al dominio de España, país por el que sentía un patriotismo profundo.
La fracasada imposición del francés.
La fracasada imposición del francés
De acuerdo a Rodríguez Demorizi dos días después de ocupar el
territorio español, el 11 de febrero de 1822, Boyer envió una instrucción a los
comandantes militares de la parte Este en el que expresaba “...el interés de la
República” en que la parte oriental cambiara a la brevedad posible “de hábitos
y costumbres” ... “a fin de que la unión sea perfecta y las antiguas
diferencias desaparezcan sin más”.
El gobierno haitiano decidió imponer el uso del francés en los
documentos oficiales del Estado y con ese propósito emitió la primera orden,
cuando había un ambiente de aparente tranquilidad y resignación de parte de un
conglomerado que inicialmente no opuso resistencia a la dominación.
No obstante, apenas funcionaba una escuela que enseñaba francés,
lo que explica en parte que las autoridades no fueran capaces de poner en
práctica medidas eficaces que patrocinaran el aprendizaje de este idioma ni su
promoción mediante una política cultural que incentivara la lectura y la
creación en este código lingüístico en los escasos miembros de las élites
intelectuales que se quedaron viviendo en Santo Domingo.
Aunque la Comission d’ Instruction Publique de Haití recomendó
al gobierno que enviara al Este varios maestros para que enseñaran francés en
las escuelas, solo funcionó un plantel que enseñaba el idioma extranjero en
Santo Domingo. De 1822 al 1837, fungieron como sus directores el haitiano
Napoleón Guy Chevremont d Albigny y el dominicano Manuel María Valencia.
Años después, en 1843, Boyer elaboró un proyecto destinado a
ampliar la limitada estructura educativa, que consistiría en la instalación de
un liceo secundario y de seis escuelas primarias en la zona occidental y de una
en la oriental. No obstante, esos propósitos fueron arruinados por el caos
provocado por el terremoto del 7 de mayo del año anterior.
Tampoco prosperó el proyecto presentado en 1843 a la Asamblea
Nacional por el diputado de Puerto Plata, Federico Peralta Rodríguez, quien
proponía la creación de varias escuelas en Santo Domingo y la reapertura de la
universidad.
Aunque los intentos oficiales por abrir más centros educativos
fracasaron, sí funcionaron en Santo Domingo algunos planteles privados
dedicados a la enseñanza del francés, como fueron los dirigidos por Mr. Bruat,
con quien estudió Juan Pablo Duarte, y madame Martel.
En 1838 y 1841, en Puerto Plata y en Samaná educadores
metodistas, llevados por el gobierno haitiano, fundaron escuelas que se
empleaban en la enseñanza de las lenguas inglesa y francesa.
La realidad mostró que las pretensiones de Boyer, de imponer el
francés en la administración pública, eran imposibles. La medida, que provocó
el disgusto de los dominicanos, no pudo ser aplicada de manera estricta salvo
en la esfera militar.
Para saber más...
“Un caso de planeamiento lingüístico frustrado en el Caribe
hispánico: Santo Domingo, 1822- 1844”. German de Granda.
“Panorama histórico de la literatura dominicana”. Max Henríquez
Ureña.
“La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo. Pedro
Henríquez Ureña”.
“Los días alcionios”. Manuel Núñez.
“La República de Haití y la República Dominicana. Diversos
aspectos de un problema histórico”. Jean Price-Mars.
“Invasiones haitianas de 1801, 1805 y 1822”. Emilio Rodríguez
Demorizi.
“La dominación haitiana”. Frank Moya Pons.
“Haití pueblo afroantillano”. Ricardo Patte.
Cortesía: DiarioLibre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






