|
Retrato de María
Trinidad Sánchez (Ilustración de Ángel Martínez/Diario Libre )
|
La admirable osadía de las mujeres
separatistas.
Ellas además aportaron
trabajo, dedicación y entusiasmo.
Por: Emilia Pereyra
La participación política femenina fue importantísima para la
proclamación de la Independencia Nacional, la histórica noche del 27 de febrero
de 1844, tras varios años de labor intensa y riesgosa, inspirada en el ideal de
Juan Pablo Duarte, quien se centró en alcanzar el objetivo de que la parte este
de la isla se convirtiera en un país soberano.
Sin los
valiosos servicios prestados por las mujeres de febrero, no habría sido posible
que los fundadores de la nacionalidad dominicana alcanzaran la victoria.
Dado su
aporte y compromiso con la forja de la patria, han transcendido los nombres de
mujeres fundamentales como María
Trinidad Sánchez, Concepción Bona, María Baltasara de los Reyes, Rosa Duarte y
Díez, Manuela Díez y Jiménez y Josefa Antonia Pérez de la Paz, las más conocidas, y de otras como Micaela de Rivera, Ana Valverde, Filomena
Gómez de Cova, Rosa Montás de Duvergé, Froilana Febles, Petronila Abreu y
Delgado, Rosa Bastardo de Guillermo y María de Jesús Pina.
María Trinidad Sánchez (1794-1845). Es la más célebre de las mujeres que lucharon en diversos
escenarios para rechazar la ocupación haitiana, encabezada por el haitiano Jean
Pierre Boyer.
Con 50 años entonces, la señora, quien era tía del patricio
Francisco del Rosario Sánchez, participó en la proclamación de la Independencia
en el Baluarte del Conde. Debido a su fusilamiento en 1845, impuesto por un
tribunal militar en el gobierno de Pedro Santana, se convirtió en la mártir de
la Independencia.
José María Serra (1819-1888), trinitario y febrerista, testimonió que María Trinidad Sánchez
“en sus propias faldas conducía pólvora” para que los patriotas la utilizaran
la noche del 27 de febrero.
Concepción Bona (1824-1901). Tenía 19 años cuando confeccionó la primera Bandera Nacional,
que ondeó durante la proclamación de la Independencia. En esas tareas, contó
con la colaboración María de Jesús Pina, prima y vecina suya, quien era una
adolescente de 16 años.
Era hija de Ignacio Bona y de su esposa, doña Juana Hernández,
cuyas bodas se habrían celebrado en la antigua villa de San Carlos de Tenerife.
Contrajo matrimonio el 2 de junio de 1851 con el banilejo Marcos
Gómez, hijo de José María Gómez Guerrero y María de Regla Carvajal, ambos de la
villa de Peravia. El matrimonio procreó a Eloísa, Marcos Antonio, Manuel de
Jesús, Rafael María y a dos varones más que tenían el mismo nombre de José
María.
Rosa Duarte y Diez (1820-1888). Hermana de Juan Pablo Duarte, resalta por su firme compromiso
con el ideal independentista. Estuvo siempre al tanto de la trama libertadora,
convirtió en balas planchas de plomo que obtuvo del almacén de su padre Juan
José Duarte, y escribió el famoso de Diario de Rosa Duarte, que recoge
inapreciables testimonios sobre la independencia y la vida de su hermano. Tenía
24 años cuando fue proclamada la separación de Haití.
Rosa nació en Santo Domingo, en el barrio de Santa Bárbara, el
día 28 de junio del año 1820 y fue bautizada en la Catedral el día 8 del
siguiente mes. Eran sus padrinos don Manuel Ferrer y su esposa, doña Vicenta de
la Cueva.
Pobre y envejecida, la hermana de Juan Pablo Duarte murió en
Caracas, Venezuela, el 26 de octubre del año 1888, luego de padecer los rigores
de un doloroso exilio.
Manuela Diez y Jiménez
(1786-1858). La madre de Juan Pablo Duarte sacrificó sus propiedades, sufrió
persecuciones y fue exiliada junto a sus hijas huérfanas, como consecuencia de
su estrecha relación con los independentistas y por el apoyo que dio a su hijo.
El historiador Vetilio
Alfau Durán sostiene, en su obra Mujeres de la Independencia, que doña Manuela
terminó “su vida en una tierra extraña (Venezuela), en cuyo suelo se
confundieron en lamentable y doloroso olvido sus huesos venerables, dignos del
solemne reposo del Panteón Nacional”.
Sus padres fueron Antonio
Díez, oriundo del Reino de Castilla la Vieja, España, y de doña Rufina Jiménez
y Benítez, de la villa de Santa Cruz de Icayagua.
María Baltasara de Reyes
(1798-1867). Fue descrita por el historiador Alcides
García como una “valentísima mujer”, que, armada de un fusil, estuvo en la
noche del 27 de Febrero y madrugada del 28, de guardia en el Fuerte del Ángulo.
La patriota hizo varias incursiones atrevidas hacia el río”.
Fue la madre del prócer
Juan Alejandro Acosta, que prestó valiosos servicios a la causa separatista
como navegante, por lo que le concedieron el grado de general de marina.
Duarte se ocultó en su
casa, cuando era tenazmente perseguido por los haitianos en julio de 1843,
según relata Rosa Duarte en su diario.
Además, la poetisa Josefa
Perdomo y Heredia (1834-1896) considera a María Baltasara de los Reyes como la
primera de las mujeres de febreristas en su poesía 27 de Febrero, leída en la
velada celebrada el 26 de febrero de 1885.
Josefa Antonia (Chepita) Pérez
de la Paz (1788-1855). Era la madre de Juan Isidro Pérez de la
Paz, fogoso independentista. Su hogar fue el lugar escogido por Duarte para
juramentar a los miembros de La Trinitaria, porque sin dudas la señora le
merecía confianza y se sentía protegido bajo su techo.
Al respecto, el
historiador Vetilio Alfau Durán expresó en Mujeres de la Independencia:
“Indudablemente que la ilustre madre del más vehemente de los trinitarios fue
la primera mujer dominicana que se enteró de los propósitos duartistas, siendo
por lo tanto acreedora del alto honor de comunicada”.
Pérez de la Paz, quien fue
devota de la Virgen de La Altagracia de Higüey, nació en Santo Domingo el día 2
de marzo de 1788. Era hija del abogado Juan Isidro Pérez de la Paz y Godiñez y
de doña Francisca Valerio, fallecida el 19 de enero de 1812.
El 27 de noviembre de 1805
contrajo matrimonio con el capitán de granaderos don Antonio Beer, oriundo de
Polonia. Del matrimonio nacieron varios hijos, según el historiador Vetilio
Alfau Durán.
Micaela de Rivera (1785-1854).
La señora, quien contrajo en 1828 un segundo matrimonio con el
general Pedro Santana, cuyo hermano gemelo Ramón (1801-1844) se casó el 21 de
septiembre de 1829 con su hija Froilana.
De su matrimonio con Pedro
Santana la señora no tuvo hijos, pero fruto de su primer casamiento con Miguel
Febles, en 1805 procreó a Ramón, Secundino, Froilana y Miguel.
Junto a su hija Froilana,
fabricó cartuchos para los soldados que defenderían la patria. Además, vendió
prendas y otros bienes a fin de contribuir con la compra de los primeros buques
para defender las costas en 1844.
Doña Micaela murió en
Santa Cruz de El Seibo a mediados del año 1854.
Cortesía: DiarioLibre.