viernes, 26 de febrero de 2010

Ciencia y Tecnología |
















El que no piensa, muere

Después del fumar, la inteligencia es el 2° factor decisivo en las enfermedades coronarias, dicen científicos que proponen campañas de salud pública diseñadas para personas con coeficientes intelectuales más bajos.

Un estudio del Consejo de Investigación Médico británico (MRC) halló que los coeficientes intelectuales más bajos estaban asociados con índices superiores de dolencias cardíacas y muerte, y eran indicadores más importantes que cualquier otro factor de riesgo, salvo fumar.

Las dolencias cardíacas son la principal causa de muerte en hombres y mujeres en Europa, Estados Unidos y la mayoría de los países industrializados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares y la diabetes fueron la causa del 32% de todas las muertes registradas en el mundo en 2005.

Entre menos cultura, más cigarrillos

Es bien sabido que las personas con un menor nivel educativo y menores ingresos a menudo tienen un riesgo mayor de tener una mala salud. Los estudios sugirieron muchas razones posibles de esta asociación, como el acceso limitado a la atención médica y otros recursos, las peores condiciones de vida, el estrés crónico y la mayor incidencia de factores como el tabaquismo.

El estudio de MRC, que analizó datos de 1.145 hombres y mujeres de alrededor de 55 años durante 20 años, indicó que los cinco principales factores de riesgo de la enfermedad cardíaca son fumar, el coeficiente intelectual, tener bajos ingresos, presión arterial alta y hacer poca actividad física.

El que no entiende, pierde

El equipo, liderado por David Batty, del MRC y la Unidad de Ciencias de la Salud Pública de Glasgow, Escocia, dijo que hay "un número de mecanismos plausibles" que podría explicar por qué un coeficiente intelectual inferior podría elevar el riesgo de enfermedad cardíaca, en particular la postura de una persona hacia los "comportamientos saludables".

Quienes ignoran o no comprendan los consejos respecto al riesgo de fumar o el beneficio de tener una dieta sana y hacer ejercicio, tendrían un riesgo más elevado de sufrir enfermedades cardíacas, escribió el equipo en un estudio en European Journal of Cardiovascular Prevention.

¿Y qué tan inteligentes son los políticos de la salud pública?

Batty dijo que era importante reconocer las implicaciones de estos hallazgos para la salud pública ya que las capacidades que reflejan el coeficiente intelectual de una persona podrían ser importantes para el control del riesgo de enfermedad. "Desde la perspectiva de la salud pública, existe la posibilidad de que el coeficiente intelectual pueda incrementarse, habiendo obtenido resultados diferentes de pruebas de aprendizaje temprano y programas escolares", dijo.

Ioanna Tzoulaki, profesora de epidemiología en el Imperial College London, estuvo de acuerdo en que el impacto para la salud pública es importante. "Las campañas de salud pública deberían centrarse en factores de vida que han mostrado que influyen en los niveles de coeficiente intelectual y en abordar las desigualdades sociales", dijo en un comentario sobre el estudio. "Al mismo, los mensajes de salud pública por riesgos conocidos, como la dieta, podrían tener que ser simplificados", añadió.

La Fundación Británica del Corazón (BHF) dijo que un mejor etiquetado de los alimentos, con un código de colores distinguible para las comidas con alto, medio y bajo riesgo ofrecería a los compradores "información a primera vista" y les ayudaría a optar por productos más saludables.

A todas estas, habría que repensar el dicho de que se piensa con el corazón. Más apropiado aparece ahora pensar con el cerebro para salvar el corazón.


FUENTES:

Autor: José Ospina Valencia /dpa/reuters

Editor: Enrique López Magallón





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