lunes, 25 de enero de 2016

























Bonó: Precursor de la Historia Social Dominicana    2)

 José Guillermo Guerrero Sánchez.

Olvidado, “perseguido por muchos y desconocido por todos”, asqueado de la sociedad, de la política y del clientelismo popular. Criticó a las clases dirigentes, pero también a las costumbres viciosas e infuncionales del pueblo. Fue restaurador, pero también el primer crítico de la Restauración.

Vivió y murió decepcionado y con la única esperanza, al final de su vida: Jesucristo. No le importaba el precio a pagar por su vida y posturas; al final y al cabo el objetivo de análisis no era ni siquiera la sociedad, sino él mismo:

“Déjenme pobre y luchando con mi trabajo para probarse
a mí mismo”.


Dominaba el francés desde niño por su abuela materna que era de una familia francesa rica procedente de SaintDomingue, el actual Haití. Afrancesaba su apellido como Bonnau, Bonneau, Bonenaux, hasta que su padre le advirtió que era italiano y que su abuelo firmaba Bonó. Nació en la calle de El Sol esquina San Luis en Santiago de los Caballeros y su padre, José Bonó, comerciante en San Francisco de Macorís, tenía una casa en esta villa desde 1831, en la cual nuestro autor vivió y murió desde que se trasladó en 1864 por circunstancias aciagas de su vida.

Se enfrentó a Gaspar Polanco, presidente del Gobierno Restaurador, por su decisión de pegarle fuego a Santiago –“el fuego liquidador”– y por el fusilamiento de Salcedo, hechos injustificados y realizados de manera inconsulta, que pronosticaban crisis y anarquía, no revolución. Polanco no le fusiló por su prestigio.

Entonces, juró no volver a Santiago y separarse de la política mientras viviera. Relata Pedro Archambault que: “montó a caballo en la puerta de la Casa de Gobierno y sin despedirse de sus amigos ni hermanas se marchó por la Cuesta de las Piedras para San francisco de Macorís y desde Nibaje volvió el rostro para admirar por última vez la ciudad de sus amores”.

Fue abogado, político, legislador, economista, comerciante, agricultor, artesano, industrial, patriota, civilista, periodista, médico naturalista, boticario y alambiquero. Actualmente, los intelectuales dominicanos le consideran el primer gran intelectual o sociólogo, sin embargo no era intelectual académico, sino como bien dice Eliseo Grullón, hombre de ideas prácticas. No se consideró intelectual, ni siquiera de vanguardia. Según él, tenía ideas más atrasadas que el lugar donde vivía. Su condición social le acercaba más al trabajador y al obrero. Criticó a los sabios de su época “entretenidos en cuestiones de detalles insignificantes”.

Murió, como todo mortal, pero según su estilo. No se cree que la muerte –la gran niveladora como le llamó Eliseo Grullón en su panegírico– le hubiera sorprendido. Al fin y al cabo lo importante no es morir, sino vivir bien, libre y descansado. O acaso ¿no había afirmado que el objetivo de toda sociedad, tribu, Estado o familia, era la felicidad? La mayor crítica a los gobiernos del país –con vigencia actual– es que son incapaces de llevar la felicidad al pueblo aún realizando proyectos de progreso social.


 Continuará… 

  Cortesía: Revista Clío.