lunes, 25 de enero de 2016




EL LEGADO  DE DUARTE

Introducción necesaria:

Por considerarlo de interés para la comunidad de SABERESPERMANENTES, y en especial para la comunidad estudiantel dominicana pone a la disposición la Conferencia pronunciada por la Excelentísima Señora Vicepresidenta de la República Dominicana, Doctora Margarita Cedeño de Fernández, en la Conferencia: “El Legado de Duarte para los jóvenes”.


Conferencia

Mis queridos jóvenes:

Tan pronto se iniciaron las celebraciones por el bicentenario del natalicio de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, el año pasado, me surgió la iniciativa de escribir un diálogo imaginario de él conmigo, o mío con él.

Era una especie de intercambio de ideas sobre la patria que él nos dejó, la que él deseó y la Patria que nosotros vamos construyendo juntos en la actualidad.

No soy una historiadora, ni  una experta en temas Duartianos, eso vamos a dejarlo a historiadores como Juan Daniel Balcácer, o don José Joaquín Pérez Saviñón, o a los profesores Moya Pons, Roberto Cassá, en fin.

Yo lo que soy es una admiradora de Duarte como figura política, como organizador, como hombre de valores, como humanista; admiro a Duarte  como un académico de su época, como ejemplo para todas las generaciones y, más que nada, soy admiradora de Duarte como líder moral de una nación.

Al reflexionar sobre la idea del legado de Duarte, me detuve en las siguientes preguntas: ¿Cómo recuerdan los jóvenes a Duarte? ¿Qué aspectos de su vida pueden y quieren emular? ¿Cómo hacemos que perdure para siempre el liderazgo moral de Juan Pablo Duarte? ¿Cuál es el legado de Duarte para nuestra juventud?

La pregunta principal es: ¿Quién tiene que ser Duarte para las jóvenes de hoy?

Abordemos esta pregunta desde una realidad sobre la cual he venido trabajando y hemos hecho apuntes en otras ocasiones: la promoción de valores y la necesidad que tenemos como sociedad de contar con verdaderos referentes morales y éticos.

Tenemos que fortalecer en el imaginario popular, y sobre todo en Ustedes los jóvenes, los referentes morales que les sirvan de guía para sus acciones, que sirvan de pilares o cimientos de nuestra sociedad.



La moral remite a lo que está bien.

Entonces, yo les propongo que en cada acción, que emprendan y para cada decisión que tomen, siempre se remitan a Duarte y que lo reivindiquemos como nuestro referente moral, el ejemplo a emular por todas las generaciones, pasadas, presentes y, más que nada, las generaciones futuras.

Esa es la razón que motivó este texto que estamos poniendo a circular en el día de hoy. Yo quiero que los jóvenes dialoguen con Juan Pablo Duarte cada día y que se alimenten de su sabiduría.

Yo quiero que todos y sobre todo los jóvenes dialoguen con Juan Pablo Duarte cada día y que se alimenten de su sabiduría para vivir y actuar conforme su legado y haciendo honor a sus grandes sacrificios por legarnos esta Patria. 

Patria que construimos o destruimos  cada dia con nuestro accionar.

Lo que les voy a plantear son algunos  aspectos de la vida de Juan Pablo Duarte, que lo convierten en nuestro referente moral y ético, y en el mejor ejemplo para la juventud dominicana.



Vamos a comenzar:

En primer lugar:

Duarte personifica la honestidad y la responsabilidad.

Y aquí viene a mi mente el relato de aquella vez que Duarte administró unos fondos que recibió de parte del gobierno recién formado luego de la gesta del 27 de febrero, cuando le fue encomendada la tarea de dirigirse hacia el sur, encabezando un ejército que debía auxiliar a Pedro Santana, en la gestión que culminaría en la victoriosa batalla del 19 de marzo en la provincia de Azua de Compostela.

Ya saben Ustedes que esta batalla, y posteriormente la librada aquí en Santiago de los Caballeros el 30 de marzo, bajo el mando del General José María Imbert, consolidaron nuestra Independencia.

Tal y como lo registra la historia, a Duarte le fueron entregados $1,000 pesos para costear las necesidades e imprevistos que se presentaran durante la campaña militar.

De esa suma, nuestro Patricio gastó $173 pesos y a su regreso a la capital, desde Azua en Abril del 1844, hizo un pormenorizado informe al Gobierno, restituyendo al Erario la suma de $827 pesos. Un informe preciso, que describía el destino de cada centavo que le fue confiado por el Gobierno.

Esa es una acción que muestra claramente su HONESTIDAD y su sentido de la ética en el manejo de los fondos públicos.

La honestidad que muestra Duarte, es un reflejo de su desprendimiento hacia lo material, que es una actitud propia de personas honestas y responsables, como él.

Es una actitud del Patricio que fue ejemplo en otras épocas y es nuestra inspiración y modelo hoy en día.

Creo que quizás fue ese el ejemplo que siguió Ulises Francisco Espaillat, presidente de la República en 1876, quién desempeñó un gobierno honrado, por lo cual se le reconoce como el referente ético en el manejo de los recursos del Estado. Como ha escrito la historiadora Mu-Kien Sang Ben: “Ambos [Duarte y Espaillat] han trascendido a la historia como hombres éticos que dignificaron la vida política en nuestro país”.

Y, a propósito, cada día 29 de abril, conmemoramos el Día Nacional de la Ética Ciudadana, por ser ese el día en que Espaillat asumió la Presidencia de la República.

Volviendo al Patricio, ese rasgo tan importante de Duarte, su comportamiento ético hacia el manejo de recursos, no se limitó a los recursos del Estado. Igual responsabilidad asumía hacia el apoyo económico que recibió para emprender la Independencia.

Esto lo podemos ver cuando a principios de febrero de 1844, Duarte le escribió a su familia solicitándole que vendieran parte de sus bienes para recaudar recursos con los cuales financiar la revolución independentista, les dijo:

“Se necesitan recursos para Independendizar la Patria. Ofrendemos en aras de la patria lo que a costa del amor y trabajo de nuestro padre hemos heredado. Independizada la patria puedo hacer [me] cargo del almacén […] nuestros negocios mejorarán y no tendremos por qué arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos de la patria.”

Recuerden que Duarte no estaba en Santo Domingo al momento de la Independencia, ya que se vio en la obligación de exiliarse para no poner en riesgo los aprestos de la soñada y anhelada Independencia de su país.

Y fíjense en la RESPONSABILIDAD con la que actuaba Duarte, conocedor de la necesidad que tenía de asegurar el éxito de la empresa de la Independencia.

Puso en riesgo el patrimonio familiar, pero con el compromiso de trabajar incansablemente para que, una vez logrado el éxito, los negocios volvieran a florecer.

El sacrificio que Duarte pedía a su familia, sólo demuestra que Duarte sólo pedía lo que él mismo estaba dispuesto a dar.

Esto lo podemos vincular con otros rasgos fundamentales de la personalidad de Duarte: su altruismo y su vocación al trabajo: pues asegura a su familia, que luego de independizada la patria, se dedicará al negocio heredado de su padre a fin de recuperar la contribución pecuniaria de la familia.

También, en parte, se advierte su patriotismo, ya que el sacrificio que solicita a su familia es en aras de la libertad de su Patria, pero este es un legado de Duarte que abordaremos más adelante.

Estas y muchas otras acciones de Duarte demuestran lo rasgos de lo que entendemos es un hombre “serio”, un hombre “responsable” y “honesto”.

En segundo lugar: Duarte personifica al estudiante consistente. Conoció el mundo para mejorar su país.

Nuestra querida  Mu-Kien Sang Ben ha escrito sobre Duarte y el liberalismo romántico, que era la corriente de pensamiento imperante en la época.

Y es que si el mundo del siglo XIX estaba en ebullición, no hay dudas de que el combustible que alimentaba ese fuego estaba en América Latina. Se iniciaban las luchas Independentistas que tenían a Europa, literalmente, “de vuelta y media”.

Ese siglo XIX está marcado por las Independencias de los países de América Latina, proceso que fue alimentado por cuestiones históricas que ya conocemos. Desde Haití en 1804, pasando por Venezuela, Ecuador y Colombia en 1811; México en 1813 – año del natalicio de Juan Pablo Duarte – ; Uruguay en 1815; entre otros que ya sabemos.

Lo que está claro es que fluían las ideas de liberación en la época en que Duarte vivió.

Mu-Kien Sang Ben escribió:

“…la doctrina liberal se hizo dominante en la primera década del siglo XIX. La nueva doctrina política se sustentaba en la libertad como principio: libertad económica, política y social.”

Y luego añade en el texto “Duarte y Espaillat: Del liberalismo romántico al positivismo liberal” que el liberalismo romántico que practicaba Duarte “defendía el derecho a expresar los diversos puntos de vista y la necesidad de asumir la participación en el gobierno de la nación.”

Hoy en día más que en la época de Duarte es importante conocer otras realidades. La globalización impone la necesidad de conocer que sucede en otros países. Gracias al Internet, el conocimiento viaja en segundos de una latitud a otra.

Nuestros países necesitan que sus jóvenes estudien y tengan experiencias en otros países, para que adquieran conocimientos que luego puedan multiplicar en su país.

Duarte y su familia, hace casi 200 años, cuando viajar de un continente a otro tomaba semanas y meses, entendieron esta necesidad.

El mundo del siglo XIX no disponía del internet, ni de la comunicación telefónica, tampoco de los viajes por avión. Las ideas no viajaban a la velocidad que lo hacen hoy.

Ubíquense en 1828. Mientras Simón Bolívar luchaba por fortalecer su concepción de la Gran Colombia; nuestro Duarte embarcó hacia Europa, primero deteniéndose en Estados Unidos donde, como sabemos, aún persistía el dulce sabor de la independencia de 1776.

Luego viaja a Inglaterra, donde debió escuchar sobre las teorías económicas dominantes y sobre la industrialización, temas que apenas se discutían. Asimismo, tanto en EEUU como en Inglaterra, debió prestar atención a los modelos de gobierno vigentes

Cuando viajó a la ciudad de las luces, a Paris, imagínenlo sentado en algún café parisino hablando de la autodeterminación de los pueblos, escuchando las historias de la revolución francesa, nutriéndose de las ideas de la época.

Finalmente, su permanencia en España, especialmente en Barcelona, fue lo que culminó su etapa extranjera de formación política e intelectual.

Cuando regresó al país en 1832, uno de los amigos de la familia le preguntó qué le había impresionado más en Europa, y Duarte respondió:

“Los fueros y libertades de Barcelona, fueros y libertades que espero demos nosotros un día a nuestra Patria.”

Y  tengan por seguro que de todo ese periplo por Europa surgen las ideas que el Patricio Juan Pablo Duarte trajo a Santo Domingo.

Por ejemplo, es en Barcelona donde Duarte conoce la eficacia del teatro para la difusión de las ideas independentista, tal y como lo hizo España para combatir la invasión francesa. De allí le surge la idea de la formación de La Filantrópica en 1840.

No hay dudas de que el deseo de aprender marcó la vida de Juan Pablo Duarte. Los estudios particulares que Duarte realizó en el país contribuyeron a formar su espíritu revolucionario. Pero sin duda lo que más contribuyó a moldear su doctrina política fueron esos viajes; la gran oportunidad que tuvo de presenciar el desarrollo del sistema democrático y republicano en Estados Unidos, así como el parlamentarismo tanto en Francia como en Inglaterra.

Los jóvenes de hoy, que tienen mayores oportunidades de conocer, viajar y hasta navegar por el mundo entero, desde un simple celular, tienen la facilidad de, a partir de lo que aprendan y todo lo que ven; construir mejores sociedades;

Hoy en día los que no viajan tienen el mundo en sus manos a través del internet. Nunca antes habíamos tenido tantas oportunidades individuales de transformar el mundo, pero tienen que emular el ejemplo de Duarte, quien no copia lo peor, sino que trae lo mejor de cada país para construirlo en su patria.

Ahora bien, fíjense en algo. Duarte, aún con todo el conocimiento y la experiencia que adquirió en sus viajes, necesitaba del consenso colectivo para que la idea de la independencia fuera al menos factible.

Volvió a Santo Domingo alrededor de 1832. Pero le tomó 5 años formar un primer grupo de personas dispuestas a siquiera hablar de un país independiente. Luego de formados esos grupos, le tomó 7 años más para hacer realidad la Independencia. 12 años en total.

Lo que evidencia el valor de la perseverancia, al igual que la paciencia, que es la madre de las virtudes. Porque los proyectos llevan tiempo y esfuerzo continuo para ver su materialización.

Se sabe que la inquietud de Duarte por estudiar y aprender, fue lo que lo indujo a formar grupos de estudios junto con sus compañeros de lucha. Su hermana Rosa destaca, en su Diario, que:

“Desde su regreso a su patria no pensó en otra cosa que en ilustrarse y allegar prosélitos; él era de una constitución delicada, por lo que demostraba mucho menos edad de la que tenía… Empezó a estudiar latinidad con el Presbítero Dr. Don Juan Vicente Moscoso, y también Historia y continuó los estudios de Geografía Universal… Empezó después a estudiar matemáticas… se ocupaba también de aprender la música… aprendió la flauta; su instrumento favorito fue la guitarra.”

Y para que Ustedes vean que siempre hay tiempo para todo, y que cuando se quiere se puede, Duarte también tuvo una inclinación hacia la poesía, escribió varias que fueron publicadas después de su muerte. Y tal como dice Orlando Inoa en su libro, biografía de Juan Pablo Duarte:

“Sus poemas, son una extensión de sus ideales. De la manera en que observaba la realidad y de los sentimientos que esta suscitaba en su espíritu.”

Ustedes, jóvenes, conozcan el mundo, lean, estudien, aprendan, perseveren, tienen que nutrirse de la experiencia de los demás, pero no para decir que saben esto o aquello, sino para contribuir a su país, y construir una mejor nación.

Vamos entonces al tercer aspecto:

La Espiritualidad.

Duarte respetó la diversidad religiosa.

Duarte fue un hombre de profundas convicciones cristianas. Concibió el proyecto nacionalista unido al fervor católico y a su fe en Dios.

No es casualidad que el lema fundamental de La Trinitaria fuera: Dios, Patria y Libertad.

Pero la evidencia histórica muestra que no fue un dogmático ni su proyecto revolucionario era excluyente de otras creencias religiosas. En su proyecto de Constitución consignó:

“La religión predominante en el Estado deberá ser siempre la Católica, Apostólica, sin prejuicio de la libertad de conciencia, y tolerancia de cultos y de sociedades no contrarias a la moral pública y caridad evangélicas.”

Santiago Castro Ventura sostuvo: “Duarte conocía muy bien la religión, pero no se había declarado adversario de ningún precepto religioso.”

Fernando Pérez Memén, sobre el particular apunta que Duarte, al reconocer la libertad de culto, se colocó por encima de la mayoría de los liberales dominicanos y latinoamericanos de su época.

Pero, ¿Era Duarte un enemigo de la Iglesia Católica?

No, para nada. Era su defensor. Pero fue pragmático, fruto de su experiencia en Europa, quizás porque conoció el protestantismo durante su estancia en Inglaterra. De hecho, los primeros grupos protestantes de Latinoamérica comenzaron a instalarse alrededor del 1836 en Argentina.

La evidencia histórica muestra el respeto que Duarte mantenía hacia la religión católica, pero también hacia las demás manifestaciones espirituales de la época. Es muestra de su capacidad de TOLERANCIA y de respeto a la diversidad, dentro del marco de la moral y la ética, sin sobrepasarse, aceptando a los demás con sus virtudes y defectos.

El cuarto aspecto a destacar de Duarte es el Amor y respeto por la familia

Soy una protectora y defensora de la familia. Creo en la familia como núcleo formador, sostén y base de la sociedad.

Toda mi vida la he dedicado a promover, apoyar, y ahora a trabajar, proteger e impulsar las familias, sobre todo las más vulnerables, necesitadas y las que viven en condiciones de pobreza.

Ustedes me han escuchado hablar de la necesidad de un Código de Familia, por la importancia de promover los valores y el respeto a los demás; preservar y facilitar el ejercicio, goce y disfrute de sus derechos como núcleo familiar.

Nuestro patricio es un ejemplo para esto. Ya vimos antes su responsabilidad hacia el patrimonio familiar, pidió un sacrificio de su familia, pero se comprometía a trabajar incansablemente para reponerlo.

También hemos visto su devoción hacia su familia, sus padres y hermanos, a quienes respetó, amó y cuidó. Quizás el más grande acto de respeto hacia su familia fue aprovechar las oportunidades de estudio que le fueron otorgadas.

El amor por su familia y su deseo de que vivieran libres de toda dominación, hizo que Duarte permaneciera en el exilio cerca de 20 años. Fue el único de los trinitarios deportados por el gobierno de Santana que tuvo el infortunio de que también su familia corriera similar suerte.

Al siguiente año del exilio de Duarte en 1844, por parte de Pedro Santana, su madre y hermanos fueron deportados del país, en marzo de 1845.

Su hermano Manuel perdió la razón como consecuencia de la persecución santanista y nunca quiso regresar al país. Por tal motivo, cuando se produjo la amnistía que promulgó el presidente Manuel Jiménes en 1849, Duarte optó por no regresar al país, siendo SOLIDARIO con sus hermanas que prefirieron continuar en el exilio al cuidado del desdichado Manuel.

También podemos hablar del concepto de Duarte sobre la mujer, su trato hacia ella y cómo permitió que las mismas se destacaran en el proyecto independentista.

Duarte, como cualquier joven de la época y de nuestra época también, se enamoró y se comprometió en matrimonio. Poco se conoce de esta faceta privada de la vida de Duarte, tan sólo lo que ha escrito Rosa Duarte en su diario. Pero de esto nos interesa la capacidad de Duarte de respetar a la mujer, tanto, que les hizo entender que su compromiso era con la patria y que, por ende, no podría nunca formar una familia, a la usanza de la época.

En el proyecto independentista, la mujer jugó un papel estelar, apoyando la gesta desde los escenarios que la época permitía. Rosa Duarte, Concepción Bona, María Trinidad Sánchez…son sólo algunos nombres de grandes mujeres que lucharon por la Independencia de su país.

El concepto de familia desde el punto de vista Duartiano es digno ejemplo para nuestra época. Duarte estuvo ahí con su familia para aguantar la persecución, las tragedias y el exilio, para luchar por un mejor futuro para ella. 

Fue por su familia y para obedecer, respetar y enorgullecer a sus padres, que vivió como vivió y que decidió defender y liberar su patria.

Duarte sabía, al igual que Ustedes lo entenderán, que si tenemos y contamos con una familia, los logros se festejan juntos y se multiplican, y las penas se comparten y se empequeñecen.

El quinto aspecto es Duarte y su deseo de enseñar y servir a los demás.

Duarte tuvo un gran afán por llevar educación a los que estaban a su alrededor. El profesor Pérez Saviñón habla en alguno de sus escritos del deseo de Duarte de enseñar a sus amigos lo que sabía de Historia, Geografía e Idiomas. Formó unos círculos de estudio que servían para formar formadores, personas que llevaran, a través de la enseñanza, las ideas liberales de la época.

Pero hacia el colectivo, hacia quienes serían los ciudadanos y ciudadanas de la República Dominicana, Duarte ejerció otro gran rol educador con la formación de La Filantrópica.

La Filantrópica era un teatro, era un instrumento de propaganda; también era un medio de comunicación, para difundir las ideas independentistas.

Más que nada, La Filantrópica era un método para la educación masiva, para llevar el mensaje de un concepto de país a una población que estaba en la oscuridad, que no conocía lo que pasaba en Europa y lo que habían emprendido otros países de Latinoamérica.

El lugar que otorga Duarte a la educación en su proyecto le viene del ejemplo de su Padre, Juan José Duarte, quién le proporcionó la mejor educación disponible en el país y lo envía a estudiar fuera, como ya sabemos.

Me ha llamado la atención la cita de Domingo Faustino Sarmiento, que dice “Gobernar es Educar”. Duarte ha dimensionado en toda su obra política este concepto, cuando desde la concepción del proyecto se plantea la idea de educar a través de la Filantrópica.

El que educa tiene una alta concepción del concepto de servir, y los que estamos en el servicio público sentimos un elevado aprecio y consideración por la inclinación de educar.

Y este es un rasgo de Duarte que va vinculado al Duarte-Educador. En Duarte, podemos apreciar un hombre que nació para servir a los demás, no para servirse de ellos.

Hoy en día requerimos de esos servidores dispuestos a sacrificarse por el bien común. Dispuestos a dejar a un lado los intereses personales, como lo hizo Duarte. La regla debe ser que los que venimos a servir y sacrificarnos no seamos la excepción.



Finalmente, hablemos de Duarte el Patriota.

Patriotismo y Amor por la patria.

Este es un aspecto que, en buen dominicano, “se cae de la mata”. Pero, siempre tenemos que volver sobre él, porque el sentimiento de nacionalidad, el sentimiento de que estamos luchando todos por una misma causa, el sentimiento de ser cómplices en la construcción de un país, eso solo se logra cuando hay un sentido común de patria.

En varias cartas de Duarte se pone de manifiesto su patriotismo y su nacionalismo.

En el proyecto de Constitución escribió:

“Art. 6º. Siendo la Independencia Nacional la fuente y garantía de las libertades patrias, la Ley Suprema del Pueblo Dominicano es y será siempre su existencia política como Nación libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención e influencia extranjera, cual la concibieron los Fundadores de nuestra asociación política al decir (el 16 de julio del 1838) DIOS, PATRIA Y LIBERTAD, REPÚBLICA DOMINICANA.

La influencia de Rousseau en Duarte se refleja en el texto que propuso como Constitución, una muestra de vigoroso nacionalismo y patriotismo, un amor ferviente por las libertades, y una aversión hacia la irresponsabilidad y el poder arbitrario. Duarte es un amante de la democracia en su concepción más pura.

Varias veces sale el Duarte patriota. Cuando habla de la Patria Libre y dice: ”Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante”.

Vuelve a referirse a la Patria cuando habla del trabajo: “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.

Una vez más vuelve al concepto de Patria cuando dice: “Los enemigos de la Patria, por consiguiente nuestros, están todos muy acordes en estas ideas: destruir la Nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la Nación entera.”

En 1865 de nuevo Duarte salió en defensa de la patria, pues sectores conservadores realizaban gestiones que atentaban contra la soberanía nacional, entonces afirmó, su ya famosa frase:

“Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón, y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria”.

Finalmente, la declaración que más refleja su concepto de patria, es aquella que dice:

“Vivir sin patria es lo mismo que vivir sin honor”.

Entonces, en qué se basa el patriotismo de Duarte:

1.  En el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, algo propio de las ideas que imperaban en la época. Hoy más necesarias que nunca.

2.  En el deber de cada ciudadano de trabajar por una mejor patria, de entregar todo lo necesario para construir el concepto de país que queremos. También este es un legado necesario hoy, que estamos en el camino de construir un país próspero y un Estado Social y Democrático de Derecho.

3.  En el concepto del Patricio de que quién no tiene patria no tiene honor. Hoy que muchos abandonan su deber de trabajar por la patria, es una frase propicia para recordar, especialmente para nuestros jóvenes.

En definitiva, ¿quién tiene que ser Duarte para los jóvenes?

1.  El modelo de humanista, un defensor de los más vulnerables.

2.  Duarte el honesto, humilde y responsable; que renunció voluntariamente a distinciones que pusieran en peligro el objetivo común de liberar la patria.

3.  Duarte, un hombre de ética y moral, respetuoso de la diversidad.

4.  Duarte, un educador, un promotor de la educación como vía hacia una mejor sociedad.

5. Duarte, ejemplo de servidor público, modelo a emular para quienes ejercemos la función pública, por su manejo de los recursos del Estado y por su accionar que no buscaba reconocimientos, sino resultados.

6.  Y todos esos valores hicieron de Duarte el ejemplo de defensor de la patria, de los intereses de nuestro país y de sus ciudadanos.

El Patricio dijo una vez:

El amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes.”

Nuestra generación hoy, al igual que la de Duarte, hace sacrificios para las generaciones venideras. Pero es el compromiso de y con nuestros jóvenes, promover y emular ejemplos de bien, trabajar positivamente, cumplir y hacer cumplir sus deberes con la patria y la pasión y fe por construir un país mejor, el mejor ejemplo que vamos a dejar a la generación actual.



Digo como dijo Duarte:

“Lo poco o mucho que hemos podido hacer o hiciéramos aún en obsequio de una patria que nos es tan cara y tan digna de mejor suerte, no dejará de tener imitadores; y este consuelo nos acompañará en la tumba”.

¡Qué Duarte esté siempre en el corazón de cada uno de Ustedes y que Dios les bendiga siempre!


Muchas Gracias.