viernes, 29 de enero de 2016


























Bonó: Precursor de la Historia Social Dominicana,  y  6)

José Guillermo Guerrero Sánchez.

En verdad, estas afirmaciones constituyen apenas aproximaciones al pensamiento, vida y obra de Bonó. La complejidad de las relaciones entre su vida y su pensamiento son reacias a clasificaciones simples. Decir que era sociólogo, en su sentido académico strictu senso, más que sumar le resta valor a sus contribuciones. La ponderación de su sociología –excepto si es vista como Marx, Durkheim y Weber analiza lo social como una totalidad– hace olvidar sus facetas de comerciante, estadígrafo, abogado, político, geógrafo, literato, masón, etnógrafo de la vida cotidiana, médico naturalistaboticario y alambiquero.

Bonó no fue ningún comunista o santo como muchos quieren verlo. Defendió la teoría del liberalismo con su separación de poderes, el desarrollo de la riqueza, la libertad de comercio y libre competencia del capital y del trabajo, y en ningún momento habló a favor, ni siquiera mencionó, la palabra revolución y cuando lo hizo –al igual que Luperón– fue para referirse de manera despectiva a la lucha armada, anarquizante y fratricida, cáncer que consideró necesario extirpar. Luperón fue más explícito en su rechazo al socialismo considerándolo sinónimo de anarquismo y terrorismo. Además, Bonó fue crítico de la educación moderna y racionalista introducida por Eugenio María de Hostos a partir de 1875, aunque no llegó al colmo de considerarla como el padre Billini la causa de la delincuencia de la época.

No obstante, Hostos le tributó grandes elogios y con éste compartió en 1884 la crítica más importante a la ideología del progreso del capitalismo que entraba al país en los rieles del ferrocarril y la industria azucarera. Se opuso a la construcción del ferrocarril, a la creación de una banda de música y hasta al ornato de calles y parques. Criticó la educación universitaria que, separada del trabajo, producía parásitos inútiles que sólo sabían engrosar el presupuesto de las instituciones. Su visión liberal y patriótica hasta tuvo sus manchas: no sólo apareció su nombre en la lista en pro de la Anexión a los Estados Unidos durante el gobierno de Báez, sino también en la cesión o arrendamiento de la Bahía de Samaná. Raymundo González –en su conferencia sobre el tema– rechazó como ilógico y anacrónico el primer punto, pero no así el segundo.

De todas maneras, ¿cómo es que siendo Luperón enemigo tan consecuente de la anexión del país y de la cesión, venta o arrendamiento de alguna parte de su geografía nunca le escribió una carta criticándole su actitud y le propuso a Bonó en 1884 la Presidencia de la República? Algunos historiadores lo consideran poco crítico con la dictadura de Lilís y hasta connivente al aceptarle una imprenta. ¿Y qué? ¿No fue Lilís hijo político de Luperón? Gracias a Bonó, Lilís evitó que Luperón muriese de cáncer en la garganta en una isla del Caribe. Quizás se puedan encontrar insumos adicionales para entender la relación entre esos tres personajes en el libro que Juan Francisco Almánzar contempla publicar próximamente.

Después de todo, la pregunta básica es ¿Qué es lo que impresiona y aporta una vigencia extraordinaria al pensamiento de Bonó?

 A nuestro entender son tres aspectos básicos:

1)        Su crítica implacable a la práctica política clientelista y extorsionadora del pueblo; 2) Su postura ética de renunciar a los beneficios de ésta, incluyendo la de ser candidato y seguro presidente del país; y 3) Su estilo de vida y su relación crítica con la vida cotidiana y la cultura popular del país.
2)        El pensamiento de Bonó es fundamental para estudiar la transición de la sociedad dominicana hacia la modernidad nunca acabada o completada. Sin dudas fue la máxima inspiración de la obra de Harry Hoetink El pueblo dominicano, 1850-1900.

Apuntes para su sociología historica, publicada en 1971, sin dudas, un libro clave y pionero en la interpretación social de la historia dominicana y la vida cotidiana. En ella tres son los autores más citados: Lilís, Hostos y Bonó. El primero por ser el político cuyo gobierno tuvo el mayor impacto en la modernidad del país a finales del siglo XIX; el segundo por introducir el sistema educativo más innovador hasta el momento; y el tercero, por ser el intelectual o pensador más original y crítico de la sociedad y del Estado de esa época.
Si bien se ha reivindicado al Bonó sociólogo y politólogo, todavía falta descubrir el Bonó antropólogo e historiador de la vida cotidiana, aunque en la actualidad no se justifica la separación de estas disciplinas. Es que él las manejó indistintamente. Es muy reveladora la carta que envió a su padre José Bonó, cuando pisó por primera vez a Europa en abril de 1875:
“Ando tanto que un juanete se me ha hinchado de tanto andar”.

Allí visitó los museos, bibliotecas, edificios y parques, pero también realizó una investigación minuciosa de gran interés para su vida y ocupación tardía. Se trató de la compra de dos alambiques para producir alcohol: uno para el pueblo y el otro para su consumo propio. Bonó es ejemplo de integridad ética, intelectual auténtico
y original, un ser humano sin igual. He ahí la clave de su actualidad.


BIBLIOGRAFÍA
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de los pobres. Santo Domingo, Editora Búho, 1994 (Centro
de Estudios Sociales Padre Juan Montalvo y Centro Pedro
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32. Ibídem, p. 424.
195
Bonó: Precursor de la Historia Social Dominicana
Guerra, Juan I. “Concepción antropológica-fisiológica de
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San Miguel, Pedro L. La isla imaginada: historia, identidad
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Cortesía: Revista Clío.