martes, 26 de enero de 2016
























Bonó: Precursor de la Historia Social Dominicana    3)

José Guillermo Guerrero Sánchez.


Actualmente, en la conmemoración del centenario de su muerte (1906-2006), aún es autor ignorado. En parte esto se debió a su personalidad y estilo de vida. Dijo Luperón que vivía aislado como crítica a la vida política del país y que era “amante del aislamiento”. En 1880 afirmó “vivo en una localidad de donde nunca salgo”. Esto no es totalmente verdadero, pues conocía bien los campos y caminos del Cibao, en especial Samaná, donde describió a las ballenas de la zona.

La crítica que hizo sobre el estado de los caminos y carreteras fue por conocimiento práctico. En sus escritos se encuentran excelentes descripciones geográficas, excepto del Sur, zona que parece no conoció.

De acuerdo a Rodríguez Demorizi, su editor, tan olvidado ha sido Bonó –por la excusable recopilación de sus escritos– que su nombre no aparece en obra tan completa como el panorama histórico de la literatura dominicana de 1945 de Max Henríquez Ureña, ni en los manuales de historia de nuestra literatura.

Hubo que esperar el centenario de la Restauración, durante el gobierno democrático de Juan Bosch, el 16 de septiembre de 1963, para la recopilación y publicación de su obra a cargo del historiador –en aquel entonces presidente de la Academia Dominicana de la Historia–, lo cual se hizo efectivo en 1964 con el título Los papeles de Pedro F. Bonó. Para la historia de las ideas políticas en Santo Domingo.

La novela El Montero, localizada en 1966, fue reeditada en 1968, aunque la cronología de Los papeles se equivoca al decir que se publicó en 1848, año en que sí la escribió. Desde la década de 1950 Emilio Rodríguez Demorizi y Vetillo Alfau Durán tenían abundantes trabajos de Bonó. ¿Por qué demoraron tanto tiempo las publicaciones? Por la naturaleza del autor. Bonó no era grato a la dictadura de Trujillo, como tampoco lo es para las posteriores democracias cosméticas.

A pesar de su actitud anti-intelectualista, se le podría considerar el primer pensador crítico y ético dominicano, utilizando el término de manera estricta, pero que en su caso no puede ser menos ambiguo. Pensó “lo dominicano” desde múltiples perspectivas, cruzando planos sincrónicos y diacrónicos, desde una perspectiva de vida muy lejana del ambiente social e intelectual. La relación tensa entre intelectualidad crítica y sociedad la expresó en su primer escrito de valía en el fragor de la lucha contra Báez, la reforma constitucional de Moca y la Revolución liberal de 1857 al
decir:
“Cuando las instituciones rigen a veinte generaciones sucesivas, se vuelven creencias y se identifican con las sociedades; sólo el hombre pensador puede sacudir el yugo de las que son erradas, mas cuánto no debe luchar para hacer que el vulgo las sacuda”.

Bonó ha sido estudiado como politólogo, sociólogo o científico social. Pero habría que agregar de inmediato lo que advirtió Pedro de San Miguel: “escritor disidente”. Se apartó no sólo físicamente, sino también intelectualmente del ambiente social y político dominante. Con Bonó apareció por primera vez el pueblo o las clases populares –ligados al trabajo del campo– como categorías de la historia dominicana:

“este mismo pueblo tan ardiente y agitado, (…) se notará en todas las clases elementos de culminante vitalidad, propensión decidida al progreso y además un trabajo latente de orden y organización. El dominicano es gran trabajador (…) nuestro pueblo es bravo, audaz, bondadoso, hospitalario, sencillo, trabajador, inteligente, emprendedor. Separadamente individuo por individuo, es de lo mejor que hay en el mundo (…). La clase de abajo es el cimiento de la patria”.

Bonó también critica el conglomerado social: “tomado colectivamente es casi inútil (...) el fondo de nuestro carácter nacional lo constituye el particularismo, el individualismo (…)”.


Se expresó en contra de los juegos de azar, las galleras que llamó al igual que Espaillat academias de la vagancia, la abundancia de días festivos y hasta de los convites. Consideró al “vulgo” pasivo por las creencias y hábitos heredados de la dominación española. El atraso económico y social del país afectaba a las clases superiores e inferiores y producía un país sin vocación para la democracia ni para la virtud política.

Raymundo González le llama “intelectual de los pobres”.
Según este autor, en la República Dominicana se ha construido un concepto de Estado al margen de los sectores populares y su cultura. Aún en la actualidad, en el país las investigaciones históricas apenas se han preocupado de estudiar las ideologías populares y sus reflejos intelectuales, echando a un lado el problema de las clases populares y su ideología en la conformación nacional. Para el autor, el pensamiento de Bonó es excepcional y tiene enorme trascendencia a ese respecto, a pesar de que no existen estudios sobre el desarrollo y aportes de su pensamiento.

Continuara.


Cortesía: Revista Clío.